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Breves Comentarios sobre las Relaciones Brasil - Asia
Henrique Altemani de Oliveira
Durante las décadas del '50 al '70 no se puede pensar propiamente
en una relación Brasil-Asia.
A pesar de estar presente en los discursos, especialmente
a partir de la política externa independiente, se constata
solamente una interacción en el plano multilateral de construcción
de una agenda política común a los países en desarrollo en
el proceso de defensa de la instauración de un nuevo orden
económico internacional. En aquel período, la relación de
Brasil con la región asiática estuvo básicamente restringida
a sus relaciones con Japón. Desde la década de los '60, las
relaciones económicas entre Brasil y Japón tuvieron un incremento
significativo, a medida que este último asumía un importante
papel como el segundo mercado para las exportaciones brasileras
y el tercer mayor inversor externo en Brasil. Sin embargo,
el estudio de estas relaciones apunta al hecho que su incremento
se debió, principalmente, a las iniciativas japonesas. En
la mayoría de las veces, Brasil consideró la opción japonesa
como residual, en un segundo plano en relación a los países
occidentales. En esta línea de raciocinio se deduce que las
exportaciones brasileras a Japón son, en su mayoría, determinadas
claramente por las inversiones de este país, las cuales privilegian
la producción de insumos industriales vitales para la economía
japonesa y la relocalización de las llamadas sunset industries,
cuyos elevados gastos en energía, mano de obra e impacto ambiental
no permiten que la producción en Japón mantenga su competitividad.
No obstante con las crisis de los años '80, independiente
de las transformaciones del escenario internacional, Brasil
deja de ser atractivo para los intereses japoneses. Asi, a
inicios de los '90, el proceso de redefinición de las prioridades
de la política exterior brasilera parece no haber conseguido
aún definir sus estrategias de estrechamiento de vínculos
con Japón, aún cuando existe un gran interés por ampliar los
lazos y los vínculos comerciales con Asia. Horizaka caracteriza
las relaciones de Japon con América Latina de la siguiente
forma: En primer lugar, esta relación comprende solamente
las relaciones económico-comerciales. Sin embargo, la importancia
del diálogo político, de la negociación diplomática y las
relaciones culturales no pueden ser ignoradas. Las relaciones
japonesas con América Latina han sido en su mayoría económicas
u orientadas a los negocios. En segundo lugar, las relaciones
entre Japón y América Latina han sido altamente unilaterales.
Japón ha desempeñado un papel activo en el comercio, las inversiones
y el sector bancario privado. En tanto que los países latinoamericanos
se han comportado en forma pasiva en relación a Japón. Como
consecuencia de esta asimetría, las relaciones han tendido
a estancarse cuando Japón perdió su interés en esta área.
En este sentido, esas relaciones fueron seriamente afectadas
por la crisis latinoamericana de los años '80. De esta manera,
se deduce la existencia de un relativo interés entre una y
otra área, sin poder llegar a constituirse en una prioridad
relevante. Desde la perspectiva brasilera no hay dudas que
está presente el interés en el estrechamiento de relaciones,
considerando la gran demanda por las inversiones y por el
acceso a las tecnologías de punta en un mercado con alta capacidad
de consumo. Sin embargo, no se ha podido reemplazar la esfera
regional, que, siendo importante, no responde a la necesidades
impuestas por la magnitud de las transformaciones que se llevan
a cabo. Se establece así la hipótesis que se está retomando
el interés por el continente latinoamericano por parte de
Asia, y se están abriendo posibilidades para el establecimiento
de una nueva conexión asiática a partir de las inversiones
dirigidas a una integración productiva en sectores manufactureros
y con transferencia de tecnología y capacitación de recursos
humanos. En este sentido, el renovado interés japonés y asiático
por MERCOSUR parece ser parte del proyecto, pues la apertura
de sus economías y sus procesos de privatización están siendo
orientados para este mercado. Es decir, los actuales montos
de inversión se dirigen principalmente al mercado exportador.
De esta manera, MERCOSUR se presenta como un espacio potencial
e interesante para generar el establecimiento del denominado
networking empresarial con el resto del continente americano.
En lo referente a China, considerando el potencial de desarrollo
de las relaciones a largo plazo, la expresión "espacio estratégico"
acuñada por el Primer Ministro chino Zhu Rongji, ha sido ampliamente
utilizada por ambos países. Li Ruihuan al visitar Brasil intentó
definir la idea del espacio estratégico: "América Latina representa
una de las regiones más dinámicas del planeta en lo que se
refiere a desarrollo económico. En el plano político, la región,
y en particular Brasil, tiene una importante localización
estratégica en el mundo. Brasil es el mayor país en desarrollo
en el escenario latinoamericano y China es el mayor país en
desarrollo del mundo. Entre estos dos países existen variados
elementos en común: están empeñados en lograr un desarrollo
económico y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Por lo tanto, la cooperación tiene un significado muy importante
para ambos países, ya que entre ellos no existen conflictos
de intereses, pero si de complementación. Así, se perciben
horizontes muy promisorios para las relaciones entre nuestros
países, especialmente en el campo económico". El espacio estratégico
tiene un enfoque más definido en el área de la cooperación
técnica y científico-tecnológica. En esta área se encuentran
el mayor ámbito de relaciones entre ambos países: el trabajo
conjunto para el desarrollo de satélites de observación remota
(CBERS). En 1995 el proyecto fua ampliado, planeándose producir
otros dos satélites, aparte de los ya construidos. Estos permitirán
a ambos países no depender de terceros en cuanto a las imágenes,
pudiéndose incluso transformarse de usuarios en vendedores
de este tipo de servicio. En el plano general, se acostumbra
señalar que Brasil considera a Asia como un espacio prioritario.
Sin embargo, al referirse al continente asiático esto no parece
claro, pues están reflejados sólo Japón y China, por lo que
el espacio prioritario podría encaminarse hacia ambos, aunque
destacando el primero. Los comentarios son más amplios en
relación a China, señalándose que este sería el espacio estratégico.
Si consideramos que China posee una mayor autonomía política
en términos regionales, mientras que Japón aún muestra una
relativa dependencia política de Estados Unidos, se puede
establecer una hipótesis en el sentido que la política exterior
de Brasil prioriza a Japón en los temas económicos y a China
en las cuestiones políticas. Aunque los intereses brasileros
en relación a Asia Pacífico pueden ser claramente perceptibles,
se detecta un continuo impasse. Este implica una gran dificultad
al definir los mecanismos de ampliación de las relaciones.
A pesar de que algunos términos han sido acuñados (espacios
operacionales y, actualmente con mayor énfasis, espacio estratégico)
y son utilizados con relativa frecuencia, el gobierno, aparentemente,
no ha resuelto como instrumentalizar y/o estimular estos espacios.
En otras palabras, ¿debe el gobierno brasilero responsabilizarse
por la actuación empresarial en la región o quizás ese costo
debe ser absorbido por los sectores implicados?. Tal dificultad
implica, por una parte, la imposibilidad gubernamental de
destinar recursos para este tipo de acción producto de problemas
internos. Por otro lado, existe un desconocimiento o distanciamiento
de las realidades de los diferentes países asiáticos. En términos
políticos, la indefinición puede ser endosada al papel ejercido
por Estados Unidos en la región y a su actual relación con
Japón y China. Se puede especular que se está utilizando un
modelo de inercia, por cuanto no existe la necesidad de posicionarse
de manera más clara en el objetivo. Quizás se pueda razonar
que, en cuanto a Japón, la relación de Brasil carece de activismo,
rigiéndose sólo por factores coyunturales o por iniciativas
japonesas. Con respecto a China, a pesar de las declaraciones
que lo rechazan, persiste la perspectiva que la globalización
no beneficia de la misma forma a todos y que, a mediano plazo,
habrá que retornar a las cuestiones estructurales de la relación
norte-sur, siendo China un espacio fundamental (si no estratégico)
en esta acción. En lo referente al sudeste asiático, las iniciativas
que están presentes son residuales, teniendo cierto privilegio
dentro de una estrategia de profundización del proceso de
integración regional, una relación más estrecha entre MERCOSUR
y ASEAN.
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Brief Remarks on Brazil - Asia Relations
Henrique Altemani de Oliveira
From the '50s into the '70s, one cannot
really think of a Brazil-Asia relationship as such. Despite
appearing in the respective discourses, especially with the
beginning of independent foreign policy, the only actual interaction
on a multilateral level deals with the construction of a common
political agenda for developing countries that intended to
defend the installment of a new international economic order.
At that time, Brazil's relationship with Asia was basically
restricted to bilateral relations with Japan. During the 1960s,
economic ties between Brazil and Japan experienced a significant
increase, with Japan becoming not only the second-largest
market for Brazilian exports, but also the third largest foreign
investor in Brazil.
However, a study of these economic relations points out that
their increase was primarily due to Japanese initiatives.
Usually, Brazil considered the Japanese option as residual,
on a second plane in comparison to Western countries. Using
this line of reasoning, the deduction can be made that the
majority of Brazilian exports to Japan were clearly determined
by Japan's own investments in Brazil. Furthermore, those investments
favored both the production of industrial materials vital
to the Japanese economy and the relocation of the so-called
sunset industries, whose elevated costs in energy, labor and
environmental impact did not allow production in Japan to
maintain its competitiveness. Nonetheless, with the crises
of the 1980s, and independent of the changes on the international
scene, Japanese interests no longer found Brazil attractive.
At the start of the 1990s, the process of redefining priorities
for Brazilian foreign policy seems not to have achieved a
definition of its strategies for tightening links with Japan,
despite the great interest that exists in expanding commerical
links and ties with Asia. Horizaka characterizes Japan's relations
with Latin America in the following manner: First, this dynamic
only takes into account commercial-economic relations. However,
the importance of political dialogue, diplomatic negotiation
and cultural relations cannot be ignored. Japanese relations
with Latin America have been, for the most part, economic
or oriented toward business. Secondly, relations between Japan
and Latin America have been highly unilateral. Japan has carried
out an active role in trade, investment and the private banking
sector. Latin American countries have mostly behaved in a
passive fashion with regards to Japan. As a result of this
assymetry, relations have tended to stagnate when Japan has
lost interest in the area. In this sense, those relations
were seriously affected by the Latin American crisis of the
1980s. Thus, the existence of a relative interest between
the two areas can be deduced, but it is an interest as yet
unable to constitute a relevant priority. From the Brazilian
perspective, there is no doubt that an interest in strengthening
relations exists, particularly considering the high demand
in Brazil for investment and for access to the latest technology
in a domestic market with high consumption capacity. Still,
the regional sphere has yet to be replaced by any other actor,
and while important, this reduced sphere does not respond
adequately to the necessities imposed by the magnitude of
the transformations being carried out. The hypothesis is established,
then, that Asia is once again taking interest in Latin America.
This rekindled interest is opening up possibilities for the
establishment of a new Asian connection, one based on investment
aimed at the productive integration of manufacturing sectors,
on the transfer of technology and on the training of human
resources. In this sense, the renewed Japanese and Asian interest
in MERCOSUR seems to be part of the overall project, as the
opening of South American economies and the processes of privatization
are being oriented toward this market. That is, current investment
amounts are directed primarily toward the export market. In
this way, MERCOSUR presents itself as a potential and interesting
space for generating the establishment of business networking
with the rest of the American continent. In reference to China,
considering the potential for long term development of bilateral
relations, the expression "strategic space," coined by Chinese
Prime Minister Zhu Rongji, has been widely used by both countries.
Li Ruihuan, upon visiting Brazil, tried to define the idea
of strategic space: "Latin America represents one of the most
dynamic regions on the planet in terms of economic development.
Politically, the region, and in particular Brazil, also has
an important global strategic location. Brazil is the largest
developing country within Latin America, while China is the
largest developing country in the world. Various common elements
exist between these two countries: they are determined to
achieve economic development and to improve the living conditions
of their populations. Cooperation, then, has a very important
significance for both countries, as there exist no conflicts
of interest between them, but yes a certain complementary
relationship. Thus, very promising horizons can be seen for
relations between our countries, especially in the economic
sector." Strategic space has a more defined focus in terms
of technical and technological-scientific cooperation. In
this area, the greatest example of relations between the two
countries is found: the joint work being done for the development
of remote observation satellites (CBERS). In 1995 the project
was extended, with plans to produce another two satellites
in addition to those already constructed. These satellites
will allow both countries to no longer depend on third parties
for images, capable even of transforming them from mere users
into providers of this type of service. In general, it is
usual to posit that Brazil considers Asia a priority sphere.
However, when speaking of the Asian continent as a whole,
this becomes less clear. Only Japan and China actually enjoy
concrete, meaningful relations with Brazil, so much so that
the priority sphere could be applied toward only these two
nations, emphasizing the former. Remarks regarding China are
more extensive, demonstrating that this country is a strategic
space. If we consider that China possesses a greater degree
of political autonomy in regional terms, while Japan still
shows a relative political dependence on the United States,
a hypothesis could be established that Brazil's foreign policy
prioritizes Japan in economic matters, but China in political
issues. Although Brazilian interests with respect to Asia's
Pacific Rim can be clearly perceived, a continual impasse
is noted. This implies a significant problem when trying to
define the mechanisms for expanding relations between the
two areas. Despite the fact that some phrases have been coined
(operational spaces and, currently with greater emphasis,
strategic space) and are used with relative frequency, the
government apparently has not resolved how to utilize and/or
stimulate these spaces. In other words, should the Brazilian
government assume responsibility for business performance
in the region, or should that cost be absorbed by the specific
sectors affected? Such a difficult question involves, on one
hand, the impossibility of the government to earmark resources
for this type of action as a result of internal problems.
On the other hand, there exists a disregard for or distancing
from the realities of the different Asian countries. In political
terms, this lack of definition could be attributed to the
role played by the United States in the region, and its current
relations with Japan and China. One could speculate that the
U.S. is using a model of inertia in such a way that there
is no need to take a clearer position regarding the objective.
It is reasonable to assume that, in terms of Japan, Brazil's
relation lacks activism, guided only by specific, opportune
moments or by Japanese initiatives. With respect to China,
despite declarations to the contrary, the position that globalization
does not benefit everyone in the same way, and that in the
medium term structural issues regarding the North-South relationship
will have to be reviewed, persists. China is a fundamental
space (if not strategic) for this action. In reference to
Southeast Asia, the initiatives that exist are residual, enjoying
a certain privilege within the strategy of deepening the process
of regional integration, represented by a tighter relationship
between MERCOSUR and ASEAN.
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Brasil y Japón: ¿la aproximación de
las antípodas?
Alexandre Ratsuo Uehara
Este año se celebran los 90 años de la inmigración japonesa
a Brasil, iniciada en 1908 con la llegada del buque Kasato
Maru al puerto de Santos. Desde entonces, ambos países han
desarrollado una relación de aproximaciones y de distancias,
caracterizada por cuatro períodos: 1) el primero hasta la
Segunda Guerra Mundial; 2) el segundo entre los años 1950-1980;
3) el tercero durante la década de 1980; y 4) el último, en
los años 1990. A lo largo de todo el primer período, las actividades
de los inmigrantes japoneses estuvieron ligadas de modo directo
o indirecto al sector agrícola. Muchos fueron a las plantaciones
de café, en el interior de Sao Paulo, pero otros contribuyeron
también en la expansión, diversidad y mejoría del cultivo
de otros productos agrícolas. Entretanto, a pesar de la llegada
de los inmigrantes japoneses a Brasil, hasta la década del
'30, éste era visto como "un pequeño país, extraño y misterioso,
ubicado en un lugar distante del globo " (Komiya, 1996 :37).
Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que no hubo
un conflicto directo entre los dos países, las relaciones
diplomáticas Brasil - Japón fueron interrumpidas. Solamente
en 1952, después de hacerse conocido el Tratado de San Francisco
que restablecía la soberanía de Japón, las relaciones bilaterales
fueron retomadas. De este modo se inicia una nueva etapa y
el factor económico, estimulado por el crecimiento de la economía
japonesa, adquiere una mayor importancia. Las empresas niponas
pasan a invertir en el exterior, concentrando el flujo de
capital en Estados Unidos, Brasil e Indonesia, países que
presentaban obstáculos menores a sus iniciativas. En la década
de los '50, un factor que contribuyó para atraer empresas
japonesas al país fue el Plan de Metas de Jucelino Kubitschek.
En las décadas de los '60 y '70, fue la búsqueda por parte
de Japón de un socio alternativo la que estimuló y consolidó
la inserción de sus inversiones en Brasil. Al final de la
década de los '70, la relación Brasil - Japón vivía un proceso
de intensificación y profundización de las relaciones económicas,
con óptimas expectativas a futuro, sostenidas, particularmente,
por las inversiones japonesas. Un ejemplo es el proyecto CARAJAS,
en que Japón aplicó, financió y contribuyó a misiones de investigación
para su exploración. Sólo en financiamientos fueron destinados
US$ 47,7 millones. Otro proyecto importante fue la CENIBRA,
fundada en 1973, que hoy cuenta con el 48,52% de su capital
administrado por el consorcio japonés JBP-Japan Brazilian
Pulp and Papers Resources Co. Durante la década de los '80,
entretanto, hubo una reversión en el proceso de aproximación
en las relaciones nipo-brasileñas experimentadas en los años
'70, motivadas por factores brasileños y japoneses. En el
caso de Brasil hubo problemas producto de la deuda externa,
de los elevados índices inflacionarios y la inestabilidad
política y económica. Por parte de Japón, las empresas sufrieron
un cambio en sus prioridades, pues se concentraron en la defensa
de los mercados para sus productos y no en el manejo de materias
primas y recursos naturales. Esos factores implicaron que
la relación nipo-brasileña pasara a un segundo plano. En los
años '90, la estabilidad política y monetaria brasileña hizo
surgir expectativas de un nuevo rumbo en las relaciones bilaterales.
Además, factores sociales, aunque no determinantes, también
influyeron en la relación. Actualmente, la denominada comunidad
nikkei -descendientes de japoneses- participa no sólo en la
agricultura, sino también en otros segmentos de la sociedad
brasileña. Un ejemplo es la participación de los descendientes
en las universidades. Según una encuesta realizada en 1996
en la Universidad de São Paulo -la más grande de Brasil-,
aproximadamente un 6% de su cuerpo docente está constituido
por descendientes de japoneses. Lo anterior es significante,
por cuanto que la colonia japonesa en Brasil es levemente
superior al millón y medio de personas. Otro factor que tuvo
una importancia significativa en los años '90 fue el llamado
fenómeno dekassegui -término utilizado para designar los brasileños
descendientes de japoneses inmigrantes en Japón-. Ese fenómeno
tuvo su inicio en los años '80, y siguió una tendencia creciente
hasta 1991, cuando la emisión de visas por parte del Consulado
japonés en Brasil llegó a 61.500 1/. Actualmente, según datos
divulgados en julio de 1998, la población total de dekasseguis
llega a 230 mil personas 2/, y ha influido en las relaciones
nipo-brasileñas en los campos social, político y económico.
En el campo social, una consecuencia preocupante para Brasil
fue la separación de los lazos familiares, causados por el
traslado de miembros de la familia a Japón. Actualmente, un
problema que llama la atención es el de los trabajadores brasileños
desempleados en Japón -estimados en 30 mil-. En el campo económico,
el fenómeno dekassegui tuvo un importante papel en los flujos
de capitales hacia Brasil en los años '90. Las llamadas remesas
unilaterales formadas por el ahorro enviado al país por los
dekasseguis, llegaron a un monto de US$ 3,974 mil millones
en 1995 3/. Ese volumen de capital es superior al triple del
volumen de inversiones directas japonesas realizadas en Brasil
en el año de 1997 -el mayor de los años 1990-, de aproximadamente
US$ 1,12 billones 4/. Las empresas japonesas han señalado,
en forma cautelosa, que deben realizar nuevas inversiones
en el país. Según Kotaro Horisaka (1998:5), ya hay un cambio
en el comportamiento de las empresas japonesas. En 1997, hubo
un crecimiento de 46% en el volumen de inversiones directas
japonesas en Brasil, llegando a un valor de 145,1 mil millones
de yens -cinco veces mayor que el realizado en 1995-. El nuevo
escenario brasileño de mayor estabilidad política y baja inflación
viene generando un aumento en la credibilidad, fruto de las
recientes visitas de políticos y misiones de empresas japonesas
en búsqueda de informaciones y oportunidades de negocios en
Brasil. El retorno a la credibilidad quizás sea el punto central
para la intensificación de las relaciones japonesas con Brasil
y, por extensión, con países sudamericanos. Por lo tanto,
las empresas japonesas piden que los miembros de MERCOSUR
se comprometan con: "...integración regional transparente
y abierta; estabilización política, económica y social; adopción
y consolidación de las instituciones del MERCOSUR, tales como
leyes, inversiones, sistema financiero, fiscal, estadístico,
entre otros " (Mizuno 1998:5). La credibilidad exige además
de normas, un mayor conocimiento entre los socios, a lo cual
puede contribuir una aproximación política. En este momento,
intereses convergentes pueden proporcionar condiciones para
eso. Un ejemplo concreto son las candidaturas de Japón y Brasil
a asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de la Organización
de las Naciones Unidas. Además, las alteraciones ocurridas
en las relaciones internacionales con el fin de la guerra
fría abren espacios en el campo político para una intensificación
de la relación bilateral. Es así que "el final de la guerra
fría abrió la posibilidad de una política externa japonesa
más independiente" (Haggard, 1996:6), y la posibilidad de
una profundización en las relaciones Japón-Brasil. Pues, muchas
veces, el hecho "del establishment japonés y los formuladores
de la política externa de Japón tienen siempre una tendencia
a pensar que Latinoamérica es el patio de los Estados Unidos..."
(Hoisaka,1993:51), fue considerado como un factor limitante
para la integración japonesa con Latinoamérica. Para Brasil,
la relación con Japón puede ser vista como un contrapunto
para su relación con Estados Unidos. Barbara Stallings y Gabriel
Székely (1993), escribieron sobre las relaciones entre Japón,
Estados Unidos y Latinoamérica. Estudiando esta relación triangular
aportaron tres escenarios; dos basados en la noción de rivalidad
y un tercero de cooperación entre Estados Unidos y Japón.
El detalle es que en todos esos modelos, Latinoamérica aparece
como agente pasivo, lo que no es necesariamente una verdad.
La región posee una de las asociaciones económicas regionales
más destacadas de la década de los '90, el MERCOSUR, producto
del crecimiento de los flujos comerciales intra y extraregionales.
En los seis primeros años de la década de los '90, el volumen
intra-regional de comercio de bienes se cuadruplicó, pasando
de US$ 4,12 mil millones a US$ 16,77 mil millones, lo que
permitió ampliar las oportunidades de negocios y llamando
la atención de otros socios fuera de la región, incluyendo
a Japón. Hoy, a pocos meses del siglo XXI, Japón no es más
el país extraño y mucho menos distante, aunque quizás un tanto
misterioso por su cultura distinta. Existen factores que proporcionan
a Brasil una ventana de oportunidades para la ampliación de
su relación con Japón, facilitada incluso, por el éxito obtenido,
hasta el momento en el enfrentamiento de las repercusiones
de la crisis asiática. Todavía, la intensificación de las
relaciones nipo-brasileñas no es una realidad, y muchos obstáculos
aún deben ser enfrentados. NOTAS 1/ Datos del
Consulado Geral do Japão em São Paulo. "Emisión de visas japoneses
para brasileños".
In: http: //www.mofa.go.jp/region/latin/image/f-5-p.jpeg.
2/ "Empresas pagam para imigrantes desempregados voltarem
ao país de Tóquio". Folha de São Paulo julio 7, 1998. Caderno
Cotidiano pagina:3-6. 3/ Caixa do BC em moeda forte recua
para US$ 70,9 bi, apesar de investimento doreto recorde de
US$ 3 bi.". Folha de São Paulo, Caderno Dinheiro pagina. 2-1
julio 17, 1998. 4/ Horiasaka (1998 :5 ).
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Brazil
and Japan: Bringing the Antipodes Closer Together?
Alexandre Ratsuo Uehara
It began in 1908 with the arrival of the ship Kasato
Maru at Santos. Since then, these two countries have developed
a relationship involving both rapprochement and distancing,
divided into four periods: 1) the first one lasted up until
World War II; 2) the second one covered the period 1950-1980;
3) the third covered the eighties; and 4) the last one covers
the nineties. Throughout the first period, the activities
of Japanese immigrants were linked directly or indirectly
to agriculture. Many went to coffee plantations located further
inland from São Paulo, whereas others helped to expand, diversify
and improve the crops of other agricultural products. In spite
of the arrival of Japanese immigrants to Brazil, up to the
thirties, Brazil was considered to be "a small, strange and
mysterious country, located in some distant part of the globe
" (Komiya, 1996 :37). During World War II, despite the fact
that there was no direct conflict between Japan and Brazil,
diplomatic relations between both countries were broken off
to be reestablished only in 1952, when the San Francisco Treaty
reinstating the sovereignty of Japan was made known. A new
phase began and economic factors --stimulated by the growth
of Japanese economy-- became more important. Japanese companies
began to invest abroad, concentrating their capital flows
in the United States, Brazil and Indonesia, where there were
less obstacles to their initiatives. In the fifties, one factor
that helped attract Japanese companies to Brazil was the Goals
Plan implemented by Juscelino Kubitschek. In the sixties and
seventies, Japan's search for an alternative partner was the
factor that stimulated and consolidated Japanese investments
in Brazil. In the late seventies, Brazil and Japan were intensifying
and deepening their economic relations. Expectations about
Brazil-Japan relations were optimistic at the time, sustained
particularly by Japanese investments. One example of this
is the Carajás project, where Japan applied, financed and
contributed through research missions to its exploration.
Financing alone amounted to US$ 47.7 million. Another important
project was Cenibra, founded in 1973. At present, 48.52% of
its capital is managed by the Japanese consortium JBP-Japan
Brazilian Pulp and Papers Resources Co. During the eighties,
there was a setback in the rapprochement between Japan and
Brazil compared with the seventies, motivated by issues on
both sides. Brazil had foreign debt problems, high inflation
rates and political and economic instability. Japanese companies
experienced a change in priorities, assigning considerable
interest to defending markets for their products instead of
to managing raw materials and natural resources. These factors
placed helped decrease the importance of relations between
Japan and Brazil. In the nineties, Brazilian political and
monetary stability gave rise to expectations of a new course
in relations between Brazil and Japan. Furthermore, social
factors, although not crucial, influenced the relationship
between both two countries. At present, the so-called nikkei
community --i.e. people of Japanese ancestry-- plays an important
role not only in agriculture but also in other segments of
Brazilian society. One example is the involvement of ethnic
Japanese in university life. According to a survey conducted
in 1996 at the Universidad de São Paulo --the largest in Brazil--
approximately 6% of the teaching staff is formed by descendants
of Japanese immigrants. This is a significant figure, bearing
in mind the fact that the Japanese community in Brazil amounts
to slightly over 1.5 million people. Another significant factor
in the nineties was the so-called "dekassegui situation" a
term used to designate Brazilians descended from Japanese
immigrants and who are living in Japan. This situation began
developing in the eighties, following a growing trend up to
1991, when the Japanese Consulate in Brazil awarded a total
of 61.500 visas 1/. At present, according to data published
in July 1998, the total population of dekasseguis amounts
to 230,000 individuals 2/, and this has influenced relations
between Japan and Brazil in social, political and economic
terms. In the social sphere, one cause for concern felt in
Brazil is the break-up of family ties produced by the departure
of family members for Japan. One of the problems that attracts
attention at present is that of unemployed Brazilian workers
in Japan --estimated at 30,000. This fact has mobilized Brazilian
politicians and diplomats in that country and also the Japanese
government. In the economic field, the dekassegui played an
important role in capital inflows to Brazil in the nineties.
The so-called unilateral remittances --i.e. savings sent back
by the dekasseguis-- amounted to US$ 3.974 billion in 1995
3/. This volume is three times as high as that of direct Japanese
investment in Brazil in 1997 --the highest in the nineties--
which amounted to approximately US$ 1.12 billion 4/. Japanese
companies have cautiously stated that they must make new investments
in Brazil. According to Kotaro Horisaka (1998:5), the behavior
of Japanese companies has already changed. In 1997, the volume
of direct Japanese investment in Brazil grew by 46% to Yen
145.1 billion --an amount five times higher than that invested
in 1995. The new Brazilian scenario, marked by higher political
stability and lower inflation has been generating more credibility,
as shown by the recent visits by politicians and missions
sent by Japanese companies to Brazil in search for information
and business opportunities. Recovered credibility is perhaps
the main reason for enhanced Japanese relations with Brazil
and, by extension, with South American countries. Therefore,
Japanese companies ask MERCOSUR members to commit to: "...transparent
and open regional integration; political, economic and social
stability; the adoption and consolidation of MERCOSUR institutions,
such as laws, investments, and financial, tax, and statistical
systems, among others " (Mizuno 1998:5). Credibility requires,
in addition to standards, better knowledge among partners,
to which political rapprochement can contribute. At this point
in time, converging interests may provide the necessary conditions
for this. One concrete example is the candidacy of Japan and
Brazil to permanent seats on the Security Council of the United
Nations. Furthermore, changes in international relations after
the end of the Cold War open up room in the political arena
for enhanced bilateral relations. "The end of the Cold War
has opened up the political possibility of a more independent
Japanese foreign policy" (Haggard, 1996:6), and the possibility
of enhanced relations between Japan and Brazil. Because, frequently,
the fact that "the Japanese establishment and foreign policy
makers tend to think that Latin America is the backyard of
the United States..." (Hoisaka,1993:51), was singled out as
the factor that limits Japanese integration with Latin America.
For Brazil, the relationship with Japan may be viewed as a
counterpoint to its relations with the United States. Barbara
Stallings and Gabriel Székely (1993), wrote about relations
between Japan, the United States and Latin America. The analysis
of this triangular relationship produced three possibilities,
two of them based on the idea of rivalry and the third on
the idea of cooperation between the United States and Japan.
The issue is that, in all these models, Latin America appears
as a passive agent, which is not necessarily true. The region
possesses one of the most outstanding economic groupings in
the nineties --i.e. MERCOSUR-- due to the growth of intra
and extra-regional trade flows. In the first six years of
the nineties, intra-regional trade volumes increased four-fold,
from US$ 4.12 billion to US$ 16.77 billion, thereby increasing
the business opportunities and attracting the attention of
other partners from beyond the region, including Japan. At
present, therefore, two years before the Twenty-first century,
Japan is no longer a strange and much less a distant country,
although perhaps a little mysterious due to its different
culture. Some factors provide Brazil with a window of opportunity
to expand its relations with Japan, eased by the success secured
up to now in dealing with the consequences of the Asian crisis.
The enhancement of relations between Japan and Brazil is still
not a reality and there are still many obstacles to be tackled.
NOTES 1/ Data from the Consulado Geral do Japão em São Paulo.
" Emisión de visas Japanese para Brasileños ". In: http: //www.mofa.go.jp/region/latin/image/f-5-p.jpeg.
2/ "Empresas pagam para imigrantes desempregados voltarem
ao país de Tóquio". Folha de São Paulo, July 7, 1998. Caderno
Cotidiano pages:3-6. 3/ Caixa do BC em moeda forte recua para
US$ 70,9 bi, apesar de investimento doreto recorde de US$
3 bi.". Folha de São Paulo, Caderno Dinheiro pagina. 2-1 July
17, 1998. 4/ Horiasaka (1998 :5 )
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El
Logro de una relación pacífica a través del Estrecho de Taiwan
Dr. Koo Chen-fu
Las relaciones entre Taiwan y China han sido "cercanas
pero lejanas". Los contactos del tipo persona a persona comenzaron
sólo hace una década. Sin embargo, ambos gobiernos permanecen
lejos uno de otro. En octubre último, como Presidente de la
Fundación para los Intercambios a través de los Estrechos
(SEF), realice una visita considerada de "revolucionaria"
a China, con el objetivo de lograr un mejor entendimiento
entre ambas naciones. En este viaje me reuní con el Señor
Wang Daohan, Presidente de la Asociación para las Relaciones
a través de los Estrechos de Taiwan (ARATS). Aquella fue la
primera vez, desde el mayo de 1995, que SEF y ARATS fueron
capaces de intercambiar opiniones en relación a asuntos fundamentales.
También fue la primera vez en más de cinco años que los lideres
de SEF y ARATS se reunieron después de la reunión de Singapore
en abril 1993. Lo más relevante de este encuentro fue el hecho
que por primera vez desde 1949 una delegación del gobierno
de Taiwan se reunió con una alta autoridad dirigencial de
Beijing, el Presidente Jiang Zemin. En la reunión con el Señor
Wang Daohan en Shanghai, se logró como resultado el consenso
en cuatro puntos relevantes: En primer lugar, la continuidad
del diálogo a través de los Estrechos para que las negociaciones
bilaterales avancen; en segundo lugar, se concluyó que es
necesario promover el intercambio de visitas entre los miembros
de SEF y ARATS; en tercer lugar, por medio de los intercambios
a través del Estrecho se puede avanzar en la solución de los
temas funcionales; y en ultimo lugar, se estableció que el
Señor Wang Daohan visite próximamente Taiwan. Lo anterior
contó con el apoyo del Señor Jiang Zemin y podría realizarse
en el curso de 1999. No cabe duda que la visita del Señor
Wang a Taipei será una visita de buena intención, entendiendo
la importancia de la paz, lo cual conducirá al establecimiento
de la confianza mutua y al resurgimiento de una interacción
institucionalizada entre Beijing y Taipei. Como consecuencia,
la comunicación a través de los estrechos se normalizaría
gradualmente después del histórico viaje del señor Wang, y
propendría a una relación de trabajo común con objetivos concretos
entre ambas partes. Es comprensible que miembros del gobierno
de Beijing deseen negociaciones preliminares sobre asuntos
políticos. Sin embargo es necesario limitar los temas a los
cuales nos convoca la reunión, ya que la falta de confianza
mutua ha impedido una normal relación a través de los estrechos.
Sin la confianza mutua, las negociaciones sobre temas políticos,
probablemente nos llevarían a una situación de retroceso en
la relación. Como dice un dicho Chino y occidental: "la prisa
causa desperdicio", por lo que es necesario en estos momentos
un proceso de construcción de medidas de confianza mutua,
un proceso marcado por el dialogo continuo, implementando
los acuerdos previos y solucionando los problemas de baja
naturaleza política. Bajo el escenario actual de relaciones,
el comenzar la discusión de temas en la alta política sería
contraproducente. A corto plazo, Taipei y Beijing deberían
buscar una mejor atmósfera en las relaciones. Ello podría
comenzar por mostrar respeto el uno al otro. Por ejemplo,
Taipei respeta lo que Beijing ha logrado en los últimos 20
años, por lo que sería deseable que se nos reconociese lo
logrado en Taiwan en los aspectos políticos, económicos y
culturales. El considerar todo lo realizado por Taipei como
una "independencia Taiwanesa", y descalificar todo lo obrado
pone en peligro la reunificación nacional. Según un estudio
de opinión publica en Taiwan, realizado por diferentes instituciones,
tal actitud sólo puede generar sentimientos nacionales en
la isla que conduzcan hacia una alienación y generen tendencias
contrarias a la reunificación nacional. Tales observaciones
implican que el momentum hacia la plena reunificación puede
ser generado solamente si nuestras experiencias individuales,
tanto como la realidad política de un gobierno dividido a
través de los estrechos de Taiwan, puede ser respetado. A
largo plazo, la democratización está inevitablemente conectada
a la reunificación. Si miramos atrás en la historia, vemos
que el pueblo de Taiwan ha experimentado un gobierno colonial
por demasiado tiempo. La isla es ahora una plena democracia
y no hay razón para que su población acepte un gobierno central
con procesos de decisiones autoritarios. Sin el mando del
derecho, Beijing no será capaz de convencer a la población
de Taipei que las decisiones tomadas por Beijing respecto
de Taiwan serán respetadas a futuro. Lo que deseo subrayar
es lo siguiente: La democratización es una tendencia global
que no puede ser detenida por nadie. La historia del éxito
del proceso de democratización de Taiwan en los últimos veinte
años prueba que la democracia funciona y funciona bien en
un lugar donde viven los Chinos. Estados Unidos y la República
de China son a largo plazo aliados. Lo que nos unió por tantos
años fue no solamente un interés común, sino las cualidades
compartidas. Estados Unidos cumplen un rol fundamental en
la relación triangular Washington-Beijing-Taipei. Es por ello
muy importante que Estados Unidos mantenga una política balanceada
respecto de Taiwan y China. La crisis de los estrechos de
Taiwan de 1995-1996 mostró al mundo que Beijing no vacilaría
en usar la fuerza para alcanzar sus objetivos. Hasta hoy día,
China no ha usado la fuerza en contra de Taiwan. Esa actitud
beligerante es antagónica al pueblo de Taiwan, y cualquier
potencial conflicto militar seguramente pondrá en peligro
la estabilidad de las relaciones triangulares. La paz y la
estabilidad de la región de Asia y Pacifico también dependen
de la seguridad de Taiwan para asegurar la disuasión hacia
China. De tal forma, manifestamos nuestro apoyo a la política
de Estados Unidos en cuanto a sus esfuerzos por integrar a
China en la comunidad internacional. Taipei está pronto a
cooperar en tal misión como miembros de la región de Asia
y Pacifico, con la finalidad de comenzar un nuevo siglo con
una mentalidad abierta y de carácter recíproco.
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Achieving
a Peaceful Relationship across the Strait of Taiwan
Dr. Koo Chen-fu
Relations between China and Taiwan have been "so near, so
yet far." People-to-people contacts began only a decade ago.
Nonetheless, both governments remain distanced from each other.
Last October, as Charmain of the Straits Exchange Foundation
(SEF), I made a visit to China many considered "revolutionary",
with the aim of achieving a better understanding between both
nations. During that trip, I met with Mr. Wang Daohan, Charmain
of the Association for Relations Across the Taiwan Straits
(ARATS). That was the first time, since May 1995, that SEF
and ARATS were capable of exchanging opinions on fundamental
issues. It was also the first time in more than five years
that leaders from both SEF and ARATS met after their meeting
in Singapore in April 1993. The most important aspect of this
encounter was the fact that for the first time since 1949
an official Taiwanese government delegation met with a high-ranking
political authority from Beijing, President Jiang Zemin. In
the meeting with Mr. Wang Daohan in Shanghai, a consensus
on four relevant matters was reached: first, the need for
the continuity of dialogue across the Straits so bilateral
negotiations can advance; second, we concluded that it is
necessary to promote visitor exchanges between members of
SEF and ARATS; third, through exchanges across the Strait,
we can make progress toward the solution of functional issues;
and last, it was decided that Mr. Wang Daohan will visit Taiwan
very soon. The achievements outlined above enjoyed the support
of Mr. Jiang Zemin, and they could be implemented throughout
1999. There is no doubt that the visit of Mr. Wang to Taipei
will be a well-intentioned one, understanding the importance
of peace in the region, but it may also lead the way in the
establishment of mutual trust and the resurgence of an institutionalized
interaction between Beijing and Taipei. Consequently, communication
across the straits would gradually normalize after this historic
trip of Mr. Wang, and a tendency to create a relationship
based on common tasks and concrete goals between both countries
would begin. It is understandable that members of Beijing's
government wish to have preliminary negotiations regarding
political matters. However, it is also necessary to limit
the issues to those that bring us to the meeting in the first
place, as the lack of mutual trust has historically impeded
normal relations across the straits. Without that mutual trust,
negotiations on political issues would most likely bring us
to a deterioration of our relationship. As the Chinese and
Western saying alerts us, "haste makes waste." For that reason,
at this time a process of building instruments of mutual trust
is necessary, a process marked by continuous dialogue, the
implementation of previous agreements and the solution of
problems with relatively low political content. Given the
current state of relations, beginning a discussion of highly
political matters would be counterproductive. In the short
term, Taipei and Beijing should seek a better atmosphere for
relations. Such an atmosphere could begin to take hold by
showing a simple mutual respect. For example, Taipei respects
what Beijing has achieved in the last 20 years. Thus, it would
be desirable that they recognize us for all that Taiwan has
achieved in its political, economic and cultural fields. Considering
all of Taipei's successes merely a demonstration of "Taiwanese
independence," and consequently dismissing all that has been
done, endangers any possibility of national reunification.
According to a public opinion study in Taiwan, taken by several
different institutions, such an attitude can only generate
nationalist sentiment on the island, leading to alienation
from the mainland and generating tendencies contrary to the
goal of national reunification. Such observations imply that
the momentum toward full reunification can be generated only
if our individual experiences as nations, as well as the political
reality of a government divided by the Straits of Taiwan,
can be respected. In the long term, democratization is inevitably
linked to reunification. If we look back in history, we find
that the Taiwan people have experienced a colonial government
for far too long. The island is now a full-fledged democracy,
and there is no reason for its population to accept a central
government with authoritarian modes of decision-making. Without
the rule of law, Beijing will be unable to convince the Taipei
population that decisions taken by Beijing with respect to
Taiwan will be respected in the future. What I wish to emphasize
is this: democratization is a global tendency that cannot
be stopped by anyone. The history of success of the Taiwanese
democratization process over the last twenty years proves
that democracy works, and works well, in a place where the
Chinese live. The United States and the Republic of China
are, in the long term, allies. What united us for so many
years was not only a common interest, but also shared characteristics.
The United States plays a fundamental role in the triangular
relationship Washington-Beijing-Taipei. For that reason, it
is crucial that the United States maintain a balanced policy
regarding both Taiwan and China. The crisis in the Straits
of Taiwan during 1995-1996 showed the world that Beijing would
not vacillate in using force to meet its objectives. So far,
China has not used force against Taiwan. That belligerent
attitude is antagonizing to the people of Taiwan, and any
potential military conflict will surely endanger the stability
of that triangular relation. Peace and security in the Asia-
Pacific region also depend on the security and ability of
Taiwan to ensure a deterrent force toward China. In that sense,
we declare our support of U.S. policy in its efforts to integrate
China into the international community. Taipei will soon be
cooperating on that mission as members of the Asia-Pacific
region, with the aim of starting a new century with a mentality
both open and reciprocal in nature.
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Intercambios
entre América Latina y la Cuenca del Pacífico desde California
Augusto Soto Alvarez
Los crecientes vínculos comerciales y políticos de América
Latina con el Asia de la Cuenca del Pacífico necesariamente
derivan hacia el intercambio académico entre ambos continentes
y generan una nueva instancia, a su vez llamada a tener un
efecto en las relaciones. El establecimiento de una red académica
se halla en una fase inicial en nuestro continente y se ve
apoyada a partir de valiosos proyectos paralelos como el surgido
en el Centro de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (CILAS)
de la Universidad de California en San Diego, la ciudad estadounidense
ya constituida en modelo de urbe abierta a la tecnología y
al ámbito del Asia Pacífico en el contexto del estado de California.
Esto es, en un vértice clave entre el mundo angloamericano,
asiático e hispánico. En efecto, la notable presencia en la
costa Oeste de estudiantes asiáticos y estadounidenses de
ascendencia asiática, el constante flujo de una inmigración
laboral mexicana de proporciones en una zona con fuertes raíces
hispánicas, demuestran que es prioritario, aunque en absoluto
privativo de América Latina, dedicarse a estudiar y promover
sus propios contactos en la región de la Cuenca del Pacífico.
La iniciativa de San Diego, bajo el nombre de "Proyecto sobre
América Latina y la Cuenca del Pacífico" se viene realizando
desde hace dos años en las dependencias del CILAS . En torno
a este proyecto se han congregado en California representantes
de la actividad privada y miembros de importantes centros
de las Américas y Asia. Entre éstos se cuentan el Instituto
Matías Romero de México, la Universidad Estadual de Campinas
de Sao Paulo, el Centro de Estudios Peruanos de Lima, el flamante
Centro de Estudios Asiáticos del Instituto de Estudios Internacionales
de la Universidad de Chile, y representantes del Instituto
de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales,
la Universidad Sofía de Japón, la Universidad Chulalongkorn
de Tailandia e instituciones estadounidenses. El primer encuentro
de dos meses, durante febrero y marzo de 1997, se dedicó a
la "Integración Regional en las Américas y en la Cuenca del
Pacífico". El segundo año concentró la atención en los "Encuentros
Culturales" y se consolidó en una serie de pasos, el primero
de los cuales fue un taller abocado a tratar temas como las
imágenes estereotipadas que reciben los escolares latinoamericanos
sobre Asia y viceversa en los manuales de educación primaria
y secundaria. Específicamente se focalizó en lo que decían
y no decían los textos sobre las respectivas regiones, se
escudriñaron los probables prejuicios mutuos y se recomendaron
medidas a adoptar para un mejor acercamiento. En este contexto,
cada participante inició investigaciones relativas a las relaciones
comparadas entre ambos continentes, que han de derivar en
nuevas líneas de investigación. Este autor abordó el tema
de las implicancias culturales en los intercambios económicos
entre Chile y China . A la vez, los participantes integraron
seminarios, donde se analizaron los valores sociales comparados,
las imágenes literarias del "otro", los contenidos de los
filmes y la TV, las reglas y papeles de los géneros y los
códigos en los lugares de trabajo de empresas en que participan
latinoamericanos y asiáticos, en que en el contexto del diálogo
América Latina - Asia. En la revisión empírica del material
escolar fue de notar el exclusivismo como un rasgo importante
de la autopercepción, por lo demás compartida por cada país
asiático. En otras palabras, cada nación se ve a sí misma
como un caso especial debido a circunstancias presentes e
incluso pretéritas. Estas se encarnan, por ejemplo, en la
grandeza territorial, poblacional y de recursos brasileña;
en el rico pasado cultural y en la privilegiada situación
geográfica mexicana entre América Latina y América del Norte;
en el centralismo irradiador y en las proverbiales dimensiones
chinas; en la peculiar insularidad y homogeneidad japonesas;
en el carácter singular chileno derivado de su ubicación geográfica
y extendida costa Pacífica; en la independencia tailandesa
frente a las potencias coloniales decimonónicas, entre otras
autopercepciones. Estas no son siempre captadas por los países
vecinos y mucho menos por los alejados pueblos de uno y otro
lado de la Cuenca del Pacífico. Es obvio que tales percepciones,
o en ciertos casos, su carencia, inciden en el incipiente
diálogo de naciones e incluso en las iniciativas comerciales.
Pese al extendido desconocimiento de Asia en nuestro continente,
ha quedado claro que los países de habla hispana miembros
de APEC y el gravitante Brasil -cuyo peso específico se proyecta
también hacia el Pacífico- disponen de una base importante
de conocimiento proporcionado en el currículo escolar de primaria
y secundaria. Por cierto, esta base no basta. Ha de ser solidificada
en unos medios en que se suceden tres planos culturales: el
del propio país, el influjo estadounidense y la referencia
europea. Pese a la inclusión de Asia en los manuales, ésta
no está integrada en los medios de comunicación ni en la cultura
de masas, ni en la formación de élite, cosa que no es ninguna
sorpresa al tratarse de realidades lejanas y abstrusas. Sin
embargo, la globalización de las comunicaciones que irrumpe
con fuerza a partir de esta década altera el valor de las
distancias. El proyecto impulsado en la Universidad de California
en San Diego e iniciativas similares de distinto calibre que
emprenden los países latinoamericanos del Pacífico han de
coordinarse y tener un efecto multiplicador, especialmente
ahora en que la crisis económica mundial nos pone a prueba
frente a la reciente alternativa estratégica y económica que
representan para nosotros los países asiáticos. Gracias al
intercambio de ideas en el CILAS, este autor está convencido
de la necesidad de adoptar medidas adicionales para que los
países latinoamericanos nos acerquemos más a Oriente. He aquí
algunas proposiciones:
1. Considerar la alteración de partes del currículo escolar.
Como consecuencia de la globalización más pronto que tarde
el sistema educativo deberá afrontar el reforzamiento en la
enseñanza del inglés en primaria y secundaria y la inclusión
de los idiomas asiáticos principales en el currículo universitario.
2. Crear un espacio para Asia en los medios de comunicación
de masas. La difusión de lenguas y culturas ayuda a estrechar
la brecha de entendimiento. Aquí el gobierno y el sector privado
son las naturales fuentes de financiamiento. En la próxima
década los países asiáticos pueden encontrar interesante apoyar
la idea.
3. Reforzar la cobertura de noticias generales y especializadas.
Con el objeto de identificar oportunidades para los países
latinoamericanos sería aconsejable crear un consorcio de especialistas
de la región que sirva a las embajadas de los países del Pacífico
americano y el MERCOSUR.
4. Formar con urgencia a estudiantes universitarios, del mundo
de los negocios y de la diplomacia en asuntos asiáticos, en
vista de la diversidad y las probables oportunidades ofrecidas
por un espacio en el que vive más de un cuarto de la población
mundial.
5. Diseñar un centro de informaciones latinoamericano o de
MERCOSUR para Asia en Shanghai. Un ente así está llamado a
convertirse en un punto de formación y encuentro. Podría tratarse
de una institución que ofreciese cursos a nivel de Master
para ejecutivos de alto nivel de compañías estatales, empresas
conjuntas o de la administración pública. Los seminarios pueden
incluir encuentros regulares con funcionarios gubernamentales
y ejecutivos de compañías locales y multinacionales. Aquí
los fondos gubernamentales, del sector privado y del Banco
Interamericano de Desarrollo son las naturales fuentes de
financiamiento.
6. Analizar el potencial representado por los asiáticos residentes
y los latinoamericanos de ascendencia asiática en nuestro
continente. No tiene pérdida incluir a miembros destacados
de estos grupos en instituciones relevantes vinculadas a las
relaciones bilaterales.
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Exchanges between
Latin America and the Pacific Basin from California
Augusto Soto Alvarez
Growing political and business links between Latin
America and Asian nations bordering the Pacific Basin lead
to academic exchanges between both continents and generate
a new channel, which will also have an effect on the relationship
between both areas. This academic network is in its preliminary
stages in our continent and it is backed by valuable projects.
One of these is the project implemented by the Center for
Iberian and Latin American Studies (CILAS), University of
California-San Diego. San Diego is a U.S city that has become
the model of a town open to technology and to the sphere of
Asia Pacific in the context of the state of California. In
other words, it is a major meeting point for the Anglo-American,
Asian and Hispanic worlds. Indeed, the notable presence on
the West Coast of Asian students and U.S. students with an
Asian background, the constant and considerable flow of immigrant
workers from Mexico in an area with strong Hispanic roots
are proof of the fact that studying and promoting their own
contacts with the Pacific Basin is a priority that is not
limited to Latin America. The San Diego initiative, i.e. the
"Project on Latin America and the Pacific Basin" has been
underway at CILAS for two years . Members of the private sector
and of important centers in the Americas and Asia have joined
forces on this project. They include the Instituto Matías
Romero (Mexico), the Universidad Estadual de Campinas (São
Paulo, Brazil), the Centro de Estudios Peruanos (Lima, Peru),
the newly created Centro de Estudios Asiáticos, Instituto
de Estudios Internacionales at the Universidad de Chile, and
representatives from the Latin American Institute of the Chinese
Academy of Social Sciences, the Sophia University (Japan),
the Chulalongkorn University (Thailand) and U.S. organizations.
The first two-month meeting, held in February-March 1997,
was dedicated to "Regional Integration in the Americas and
in the Pacific Basin". In the second year, attention focused
on "Cultural Meetings". These materialized in a series of
measures, the first of which was a workshop dedicated to subjects
such as the stereotypes that Latin American students are taught
about Asia and vice versa in primary and secondary education
textbooks. Specifically, work focused on what the textbooks
explicitly stated or omitted on different regions, possible
mutual prejudices were analyzed and potential measures were
recommended to improve relations. In this context, each participant
initiated research studies comparing relations between both
continents, which should give rise to new lines of research.
The author addressed the subject of the cultural implications
of the economic exchanges between Chile and China . The participants
also engaged in seminars where common social values were compared
as were the literary images of the "other", the contents of
films and TV, the rules and roles regarding gender and codes
in the work place in companies that employ Latin Americans
and Asians, in the context of the Latin America - Asia dialogue.
An empirical review of educational material showed that uniqueness
is a significant feature of self-perception, a view shared
by every Asian country. In other words, each nation views
itself as a special case due to its current and even past
circumstances. These views are reflected, for example, in
the grandeur of Brazil in terms of its territory, population
and resources, in the rich cultural past and the privileged
geographical position that Mexico occupies between Latin America
and North America; in the radiating centralism and in the
proverbial dimensions of China; in the peculiar insularity
and homogeneity of Japan; in the singular nature of Chile
stemming from its geographical location and extended Pacific
shoreline; in the independence of Thailand vis-à-vis Nineteenth
Century colonial powers, among other self-perceptions. These
are not always understood by neighboring countries and much
less by remote people located far on each side of the Pacific
Basin. Evidently, these perceptions, or in certain cases,
the lack thereof, have a bearing on the incipient dialogue
among nations and even on trade initiatives. Despite widespread
ignorance about Asia in our continent, it is clear that the
Spanish-speaking member countries of APEC and mighty Brazil
--whose specific weight also projects onto the Pacific-- have
included a significant knowledge base in their primary and
secondary education school curriculum. However, this knowledge
base is not enough. It must be solidified in the media along
three cultural lines: the country involved, the influence
of the United States, and the reference to Europe. Despite
having included Asia in the manuals, Asia does not form part
of the mass media nor of mass culture, and it is also not
part of top-level education. Not surprisingly so, considering
that Asia involves remote and abstruse realities. However,
the globalization of communications that burst out strongly
with the onset of the nineties, changes the meaning of distance.
The project promoted by the University of California-San Diego
and similar initiatives of different magnitude launched by
Latin American countries of the Pacific Rim must be coordinated
and produce a multiplier effect, especially now that the world-wide
economic crisis is testing us through the recent strategic
and economic alternative that Asian countries represent for
us. Thanks to the ideas shared at CILAS, this author is convinced
of the need to adopt additional measures for Latin American
countries to get closer to the East. Some proposals are offered
below:
1. Consider changing part of the school curriculum. As a result
of globalization the school system will --sooner rather than
later-- have to address the issue of reinforcing education
in the English language in primary and secondary school and
include the main Asian languages in the university curriculum.
2. Create a space for Asia in the mass media. The dissemination
of languages and cultures helps to bridge the gap that prevents
understanding. The government and the private sector are the
natural source of funding in this case. In the coming decade,
Asian countries may find it interesting to support the idea.
3. Reinforce coverage of general and specialized news. In
order to identify opportunities for Latin American countries,
it would be advisable to establish a consortium of specialists
from the region to provide services to the embassies of countries
located on the Pacific Rim in the Americas and to MERCOSUR.
4. Urgently provide training in Asian matters to university
students, and to members of the business and the diplomatic
world, in view of the diversity and the probable opportunities
offered by a region inhabited by over one fourth of the world's
population.
5. Design a Latin American or MERCOSUR center for Asia, located
in Shanghai. Such an organization is bound to become a training
center and meeting point. It could be an institution that
offers Master's Degrees for top level executives from state-owned
companies, from joint ventures or from government services.
Seminars could include regular meetings with government officials
and executives from local and multinational companies. In
this case, governments, the private sector and the Inter-American
Development Bank are the natural source of funding.
6. Analyze the potential that Asians residents and Latin Americans
of Asian origin represent in our continent. Only good can
come out of including outstanding members of these groups
in major institutions involved in bilateral relations.
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¿Japoneses en
Brasil o Brasileños en Japón? La Trayectoria de una Identidad
en un Movimiento Migratorio
Adriana Capuano de Oliveira
El texto presentado a continuación, esta basado en
una investigación sociológica en el contexto de la Maestría
en Sociología desarrollada en la UNICAMP, cuyo tema, dentro
del vasto campo de las migraciones internacionales, es el
estudio del flujo migratorio reciente de brasileños hacia
Japón (o dicho de forma más correcta, de nipo-brasileños1,
ya que el permiso para esta migración sólo es concedida a
este grupo de personas). Esta corriente migratoria viene llamando
la atención de los más diversos sectores de la sociedad brasileña
en los últimos tiempos, debido a las grandes proporciones,
que lentamente, viene tomando este movimiento, referido por
algunos autores como "fenómeno dekassegui" (Ninomiya, 1992;
Chigusa, 1994). Esta palabra del vocablo japonés, dekassegui,
originariamente significaba "salir de casa para trabajar afuera",
y se aplicaba para los japoneses que dejaban las regiones
atrasadas del norte y sur de Japón en búsqueda de mejores
condiciones de empleo y de supervivencia en las regiones más
industrializadas del centro, como Tokyo y Osaka, en épocas
de entresaca (Kawamura, 1994:410). Asimilado al idioma portugués,
y a la realidad brasileña, esta misma palabra asumió la representación
de estos nipo-brasileños que salen en la búsqueda de mejores
condiciones de empleo y de supervivencia en la tierra de sus
padres y abuelos, constituyendo de esa manera, un rasgo más
de la desterritorialización de trabajadores entre los diversos
flujos migratorios internacionales que están ocurriendo en
este fin de siglo, configurando un nuevo escenario mundial.
Dentro de este contexto, la condición de identidad de esta
población se torna como un punto importante de reflexión.
Como el propio título del trabajo ya lo dice, esta población
se caracteriza por ser considerada "japonesa" en Brasil, y
una vez en Japón, es caracterizada como "brasileña", y por
lo tanto, extranjera. Tal conjetura existe en relación a algunos
factores, que serán brevemente relatados a continuación2.
La corriente migratoria japonesa, en el contexto brasileño
se distinguió de otras corrientes migratorias en algunos aspectos,
como la temporalidad (ésta se caracteriza por ser una corriente
tardía si es comparada con otras como la alemana); la gran
diferencia cultural entre las dos sociedades en contacto,
principalmente en lo que dice respecto al idioma; el espíritu
extremadamente nacionalista con que llegaron los inmigrantes
japoneses a Brasil, fruto de la Era Meijí por la cual pasaba
Japón; el fuerte deseo de los inmigrantes de regresar a Japón,
haciendo de Brasil sólo un territorio transitorio, entre otros.
Tales aspectos ocasionaron efectos importantes y significativos
en la colonia japonesa en Brasil, donde sus descendientes
portan hoy en día algunas identidades específicas. Concretamente,
los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes japoneses, portan
características físicas semejantes a las de los ciudadanos
japoneses, producto que el aislamiento de la colonia implicó
un gran número de matrimonios entre "sus iguales", y son identificados
hasta hoy como "japoneses". En el interior de la sociedad
brasileña, es un hecho muy común y una percepción constante
la presencia de estas personas que, nacidos en Brasil, hablan
el portugués y se comportan culturalmente como brasileños,
pero son llamados y considerados japoneses. El tema de la
identidad cultural de estos brasileños, descendientes de inmigrantes
japoneses, por lo tanto, se hace pertinente como un problema
de investigación en Brasil. Sin embargo, esta población está
emigrando actualmente a Japón, y una vez allí, las contradicciones
de su identidad se agravan aún más. Además de las condiciones
específicas de la inmigración japonesa hacia Brasil, como
fue brevemente relatada anteriormente, otro factor a considerar
dice relación con la formación del llamado carácter de identidad
nacional brasileño, que aquí se encuentra elaborado a través
del hito de la "unión de las tres razas": es decir, el amerindio,
el blanco colonizador (portugués), y el negro esclavo. De
cierta forma, este fue el modelo que se constituyó como hito
fundador del país, principalmente después del famoso libro
de Gilberto Freyre con el título "Casa Grande e Senzala",
donde el autor relata una visión romántica de la formación
del país desde los tiempos coloniales. Su visión es de armonía
y consagración de un nuevo pueblo, el pueblo brasileño -distinto
del portugués, pues es nacional- a través de la unión de estos
tres pueblos originarios. Entretanto, para los fines que nos
interesan, lo importante a ser percibido y resaltado, es que
dentro de esta concepción de Brasil, de pueblo brasileño -muy
difundida incluso internacionalmente-, la figura de un cuarto
tipo racial, en este caso, los asiáticos, mayoritariamente
representados aquí por los japoneses, no "corresponde" a la
visión idealizada del patrón de la identidad nacional brasileña.
Inmigrantes de otras regiones, además de Portugal, que se
establecieron aquí, pudieron traspasar sin mayores problemas
la barrera de pertenencia a este modelo. Los inmigrantes,
en su gran mayoría llegaban de Italia, España, Alemania y
de países árabes, y fueron incorporados a la parte blanca
de la población brasileña, sin embargo, a los japoneses esta
alternativa no les fue posible. Es necesario tener en cuenta,
en este ámbito, la importancia del concepto fenotípico dentro
de los patrones sociales brasileños, que es muy relevante,
pues aquí la característica racial es establecida a través
de los rasgos físicos de las personas. No ocurre como en otros
países donde esta característica racial se da en términos
sanguíneos o culturales (como es el caso clásico de la sociedad
estadounidense en relación a los negros, por ejemplo). Es
decir, los descendentes de japoneses nacidos en Brasil, por
parecer japoneses continúan siendo llamados "japoneses", aunque
culturalmente sus vidas ya estén muy distantes de Japón. La
marca de la presencia física muchas veces prevalece, y estas
personas son percibidas en el interior de la sociedad, por
lo general, como japoneses que residen en Brasil, así como
fueron sus abuelos y bisabuelos. Otros descendentes de otras
corrientes migratorias ya no pasan por la situación de la
misma forma, pues, una vez asimilada la cultura brasileña,
se incorporan, haciéndose parte de las llamadas razas fundadoras.
Esta sería, por lo tanto, una de las vertientes de la problemática
expuesta. En la otra variante, encontramos el incentivo al
aislamiento que parte dentro de la propia colonia japonesa,
factor recurrente de una serie de especificaciones originadas
desde la propia inmigración japonesa a Brasil, como ya fue
brevemente citada y también fruto de la herencia de la propia
tradición japonesa. Cuando estos brasileños, que aquí son
considerados japoneses, entran en tierra extranjera, que es
el propio Japón, se enfrentan con la experiencia singular
de ser reconocidos como típicamente brasileños, aunque físicamente
carguen los mismos rasgos y sean exactamente iguales a los
japoneses. La plena percepción de esta identidad brasileña
se da no solamente por el hecho de ser regularmente apuntados
por los japoneses como brasileños, sino también por el choque
cultural al enfrentarse a la cerrada sociedad japonesa, la
cual no comparte, en la gran mayoría de los casos, ni en costumbres,
ni en ideas, ni en el idioma. El tema de la diferenciación
generacional también debe ser tomada en consideración, pues
es de extrema importancia. Dependiendo de la generación a
que pertenecen los descendientes de japoneses -segunda, tercera
o cuarta- se da una mayor adaptación a los modos de vida y
patrones culturales brasileños y una mayor distancia de la
adquisición cultural de sus antepasados. Las generaciones
más recientes, llamadas de sansêis y yonsêis participan de
un modo de vida culturalmente brasileño en su gran mayoría,
salvo algunos casos donde aún persisten las condiciones de
comunidad de colonia cerrada, en general en las áreas rurales.
Por lo tanto, uno de los aspectos peculiares del movimiento
dekassegui, que hasta el momento ha sido poco abordado (la
mayoría de los debates en torno de este fenómeno se concentra
en las características económicas del proceso), es el tema
de la identidad cultural versus la conceptuación fenotípica.
Estos individuos se dan cuenta de esta realidad cuando están
con una población fenotípicamente semejante a ellos, se perciben
así, más extranjeros que nunca. El resultado de esta constatación,
se torna interesante cuando pensamos que hoy en día la mayoría
de los brasileños que emigran a Japón son personas muy jóvenes
?toda vez que Japón busca personas en el auge de su edad productiva
para trabajar allí, al mismo tiempo en que se hace necesario
una buena condición física para "soportar" todo tipo de trabajo
ofrecido, extremadamente pesado-. Es decir, en la mayoría
de los casos, descendientes de la tercera o cuarta generación,
que comparten un modo de vida brasileño y no japonés. Este
factor del idioma se presenta muestra claramente en los de
relatos personales presentados en forma de carta3, donde los
dekasseguis afirman recurrentemente su "brasilenidad". Las
manifestaciones de patriotismo brasileño en Japón, como el
uso de "pins" y "bottons" de la bandera brasileña, la concurrencia
a tiendas y restaurantes con productos brasileños, la búsqueda
del vestuario a la brasileña, la adquisición de ropas (principalmente
pantalones jeans) a precios muy altos, son algunos de los
aspectos relacionados al comportamiento que demuestran esta
realidad. Además de hechos más expresivos de estos dekasseguis,
que en su mayor parte, conviven y se relacionan solamente
con individuos brasileños, muchas veces debido a la barrera
lingüística , aunque no si |