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Asia - América Latina
Publicación Cuatrimestral

VOLUMEN 7 Nº 1, enero-abril de 1999

Breves Comentarios sobre las Relaciones Brasil - Asia
(english version)
Henrique Altemani de Oliveira
Brasil y Japón: ¿la aproximación de las antípodas?
(english version)
Alexandre Ratsuo Uehara
El Logro de una Relación Pacífica a través del Estrecho de Taiwan
(english version)
Dr. Koo Chen-fu

VOLUMEN 6 Nº 3, setiembre-diciembre de 1999

Intercambios entre América Latina y la Cuenca del Pacífico desde California
(english version)
Augusto Soto Alvarez
¿Japoneses en Brasil o Brasileños en Japón? La Trayectoria de una Identidad en un Movimiento Migratorio
(english version)
Adriana Capuano de Oliveira

VOLUMEN 6 Nº 1, enero-abril de 1998

¿Cómo ha resistido Taiwan ante la Crisis Financiera de Asia?
(english version) Chien-jen Chen

El Foro Regional de ASEAN como Sistema de Seguridad Cooperativa en el sudeste asiático
(english version) Martín Pérez Le-Fort

El XXXI Encuentro de PBEC en Chile
(english version) Andrés Angulo Farmer



VOLUMEN 6 Nº 2, mayo-agosto de 1998

Argentina y la región Asia ? Pacífico: 1990-1997
(english version) Sergio Cesarín

Reflexiones acerca de la Unificación China
Lee Teng Hui
El incierto futuro de la Política Industrial japonesa en el contexto de la Globalización
Lily M. Bravo


VOLUMEN 5 Nº 1, enero-abril de 1997


Mundos que vuelven
(english version)
Josep M. Fradera

Negociaciones respecto a la soberanía del archipiélago de las Spratly
(english version)
Martín Pérez Le-Fort
La CEIBS de Shanghai, referencia para América Latina en sus relaciones con China
(english version)
Augusto Soto Alvarez



VOLUMEN 5 Nº 3, setiembre-diciembre de 1997

El interminable contencioso ruso-japonés sobre las Kuriles
(english version) Jordi Masachs i Castell

Una perspectiva de la cumbre chino-norteamericana
(english version) Augusto Soto Alvarez

¿Revive el ABC? El cono sur a comienzos de siglo
(english version) Joaquín Fermandois

Breves Comentarios sobre las Relaciones Brasil - Asia
Henrique Altemani de Oliveira
Durante las décadas del '50 al '70 no se puede pensar propiamente en una relación Brasil-Asia.
A pesar de estar presente en los discursos, especialmente a partir de la política externa independiente, se constata solamente una interacción en el plano multilateral de construcción de una agenda política común a los países en desarrollo en el proceso de defensa de la instauración de un nuevo orden económico internacional. En aquel período, la relación de Brasil con la región asiática estuvo básicamente restringida a sus relaciones con Japón. Desde la década de los '60, las relaciones económicas entre Brasil y Japón tuvieron un incremento significativo, a medida que este último asumía un importante papel como el segundo mercado para las exportaciones brasileras y el tercer mayor inversor externo en Brasil. Sin embargo, el estudio de estas relaciones apunta al hecho que su incremento se debió, principalmente, a las iniciativas japonesas. En la mayoría de las veces, Brasil consideró la opción japonesa como residual, en un segundo plano en relación a los países occidentales. En esta línea de raciocinio se deduce que las exportaciones brasileras a Japón son, en su mayoría, determinadas claramente por las inversiones de este país, las cuales privilegian la producción de insumos industriales vitales para la economía japonesa y la relocalización de las llamadas sunset industries, cuyos elevados gastos en energía, mano de obra e impacto ambiental no permiten que la producción en Japón mantenga su competitividad. No obstante con las crisis de los años '80, independiente de las transformaciones del escenario internacional, Brasil deja de ser atractivo para los intereses japoneses. Asi, a inicios de los '90, el proceso de redefinición de las prioridades de la política exterior brasilera parece no haber conseguido aún definir sus estrategias de estrechamiento de vínculos con Japón, aún cuando existe un gran interés por ampliar los lazos y los vínculos comerciales con Asia. Horizaka caracteriza las relaciones de Japon con América Latina de la siguiente forma: En primer lugar, esta relación comprende solamente las relaciones económico-comerciales. Sin embargo, la importancia del diálogo político, de la negociación diplomática y las relaciones culturales no pueden ser ignoradas. Las relaciones japonesas con América Latina han sido en su mayoría económicas u orientadas a los negocios. En segundo lugar, las relaciones entre Japón y América Latina han sido altamente unilaterales. Japón ha desempeñado un papel activo en el comercio, las inversiones y el sector bancario privado. En tanto que los países latinoamericanos se han comportado en forma pasiva en relación a Japón. Como consecuencia de esta asimetría, las relaciones han tendido a estancarse cuando Japón perdió su interés en esta área. En este sentido, esas relaciones fueron seriamente afectadas por la crisis latinoamericana de los años '80. De esta manera, se deduce la existencia de un relativo interés entre una y otra área, sin poder llegar a constituirse en una prioridad relevante. Desde la perspectiva brasilera no hay dudas que está presente el interés en el estrechamiento de relaciones, considerando la gran demanda por las inversiones y por el acceso a las tecnologías de punta en un mercado con alta capacidad de consumo. Sin embargo, no se ha podido reemplazar la esfera regional, que, siendo importante, no responde a la necesidades impuestas por la magnitud de las transformaciones que se llevan a cabo. Se establece así la hipótesis que se está retomando el interés por el continente latinoamericano por parte de Asia, y se están abriendo posibilidades para el establecimiento de una nueva conexión asiática a partir de las inversiones dirigidas a una integración productiva en sectores manufactureros y con transferencia de tecnología y capacitación de recursos humanos. En este sentido, el renovado interés japonés y asiático por MERCOSUR parece ser parte del proyecto, pues la apertura de sus economías y sus procesos de privatización están siendo orientados para este mercado. Es decir, los actuales montos de inversión se dirigen principalmente al mercado exportador. De esta manera, MERCOSUR se presenta como un espacio potencial e interesante para generar el establecimiento del denominado networking empresarial con el resto del continente americano. En lo referente a China, considerando el potencial de desarrollo de las relaciones a largo plazo, la expresión "espacio estratégico" acuñada por el Primer Ministro chino Zhu Rongji, ha sido ampliamente utilizada por ambos países. Li Ruihuan al visitar Brasil intentó definir la idea del espacio estratégico: "América Latina representa una de las regiones más dinámicas del planeta en lo que se refiere a desarrollo económico. En el plano político, la región, y en particular Brasil, tiene una importante localización estratégica en el mundo. Brasil es el mayor país en desarrollo en el escenario latinoamericano y China es el mayor país en desarrollo del mundo. Entre estos dos países existen variados elementos en común: están empeñados en lograr un desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Por lo tanto, la cooperación tiene un significado muy importante para ambos países, ya que entre ellos no existen conflictos de intereses, pero si de complementación. Así, se perciben horizontes muy promisorios para las relaciones entre nuestros países, especialmente en el campo económico". El espacio estratégico tiene un enfoque más definido en el área de la cooperación técnica y científico-tecnológica. En esta área se encuentran el mayor ámbito de relaciones entre ambos países: el trabajo conjunto para el desarrollo de satélites de observación remota (CBERS). En 1995 el proyecto fua ampliado, planeándose producir otros dos satélites, aparte de los ya construidos. Estos permitirán a ambos países no depender de terceros en cuanto a las imágenes, pudiéndose incluso transformarse de usuarios en vendedores de este tipo de servicio. En el plano general, se acostumbra señalar que Brasil considera a Asia como un espacio prioritario. Sin embargo, al referirse al continente asiático esto no parece claro, pues están reflejados sólo Japón y China, por lo que el espacio prioritario podría encaminarse hacia ambos, aunque destacando el primero. Los comentarios son más amplios en relación a China, señalándose que este sería el espacio estratégico. Si consideramos que China posee una mayor autonomía política en términos regionales, mientras que Japón aún muestra una relativa dependencia política de Estados Unidos, se puede establecer una hipótesis en el sentido que la política exterior de Brasil prioriza a Japón en los temas económicos y a China en las cuestiones políticas. Aunque los intereses brasileros en relación a Asia Pacífico pueden ser claramente perceptibles, se detecta un continuo impasse. Este implica una gran dificultad al definir los mecanismos de ampliación de las relaciones. A pesar de que algunos términos han sido acuñados (espacios operacionales y, actualmente con mayor énfasis, espacio estratégico) y son utilizados con relativa frecuencia, el gobierno, aparentemente, no ha resuelto como instrumentalizar y/o estimular estos espacios. En otras palabras, ¿debe el gobierno brasilero responsabilizarse por la actuación empresarial en la región o quizás ese costo debe ser absorbido por los sectores implicados?. Tal dificultad implica, por una parte, la imposibilidad gubernamental de destinar recursos para este tipo de acción producto de problemas internos. Por otro lado, existe un desconocimiento o distanciamiento de las realidades de los diferentes países asiáticos. En términos políticos, la indefinición puede ser endosada al papel ejercido por Estados Unidos en la región y a su actual relación con Japón y China. Se puede especular que se está utilizando un modelo de inercia, por cuanto no existe la necesidad de posicionarse de manera más clara en el objetivo. Quizás se pueda razonar que, en cuanto a Japón, la relación de Brasil carece de activismo, rigiéndose sólo por factores coyunturales o por iniciativas japonesas. Con respecto a China, a pesar de las declaraciones que lo rechazan, persiste la perspectiva que la globalización no beneficia de la misma forma a todos y que, a mediano plazo, habrá que retornar a las cuestiones estructurales de la relación norte-sur, siendo China un espacio fundamental (si no estratégico) en esta acción. En lo referente al sudeste asiático, las iniciativas que están presentes son residuales, teniendo cierto privilegio dentro de una estrategia de profundización del proceso de integración regional, una relación más estrecha entre MERCOSUR y ASEAN.

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Brief Remarks on Brazil - Asia Relations
Henrique Altemani de Oliveira
From the '50s into the '70s, one cannot really think of a Brazil-Asia relationship as such. Despite appearing in the respective discourses, especially with the beginning of independent foreign policy, the only actual interaction on a multilateral level deals with the construction of a common political agenda for developing countries that intended to defend the installment of a new international economic order. At that time, Brazil's relationship with Asia was basically restricted to bilateral relations with Japan. During the 1960s, economic ties between Brazil and Japan experienced a significant increase, with Japan becoming not only the second-largest market for Brazilian exports, but also the third largest foreign investor in Brazil.
However, a study of these economic relations points out that their increase was primarily due to Japanese initiatives. Usually, Brazil considered the Japanese option as residual, on a second plane in comparison to Western countries. Using this line of reasoning, the deduction can be made that the majority of Brazilian exports to Japan were clearly determined by Japan's own investments in Brazil. Furthermore, those investments favored both the production of industrial materials vital to the Japanese economy and the relocation of the so-called sunset industries, whose elevated costs in energy, labor and environmental impact did not allow production in Japan to maintain its competitiveness. Nonetheless, with the crises of the 1980s, and independent of the changes on the international scene, Japanese interests no longer found Brazil attractive. At the start of the 1990s, the process of redefining priorities for Brazilian foreign policy seems not to have achieved a definition of its strategies for tightening links with Japan, despite the great interest that exists in expanding commerical links and ties with Asia. Horizaka characterizes Japan's relations with Latin America in the following manner: First, this dynamic only takes into account commercial-economic relations. However, the importance of political dialogue, diplomatic negotiation and cultural relations cannot be ignored. Japanese relations with Latin America have been, for the most part, economic or oriented toward business. Secondly, relations between Japan and Latin America have been highly unilateral. Japan has carried out an active role in trade, investment and the private banking sector. Latin American countries have mostly behaved in a passive fashion with regards to Japan. As a result of this assymetry, relations have tended to stagnate when Japan has lost interest in the area. In this sense, those relations were seriously affected by the Latin American crisis of the 1980s. Thus, the existence of a relative interest between the two areas can be deduced, but it is an interest as yet unable to constitute a relevant priority. From the Brazilian perspective, there is no doubt that an interest in strengthening relations exists, particularly considering the high demand in Brazil for investment and for access to the latest technology in a domestic market with high consumption capacity. Still, the regional sphere has yet to be replaced by any other actor, and while important, this reduced sphere does not respond adequately to the necessities imposed by the magnitude of the transformations being carried out. The hypothesis is established, then, that Asia is once again taking interest in Latin America. This rekindled interest is opening up possibilities for the establishment of a new Asian connection, one based on investment aimed at the productive integration of manufacturing sectors, on the transfer of technology and on the training of human resources. In this sense, the renewed Japanese and Asian interest in MERCOSUR seems to be part of the overall project, as the opening of South American economies and the processes of privatization are being oriented toward this market. That is, current investment amounts are directed primarily toward the export market. In this way, MERCOSUR presents itself as a potential and interesting space for generating the establishment of business networking with the rest of the American continent. In reference to China, considering the potential for long term development of bilateral relations, the expression "strategic space," coined by Chinese Prime Minister Zhu Rongji, has been widely used by both countries. Li Ruihuan, upon visiting Brazil, tried to define the idea of strategic space: "Latin America represents one of the most dynamic regions on the planet in terms of economic development. Politically, the region, and in particular Brazil, also has an important global strategic location. Brazil is the largest developing country within Latin America, while China is the largest developing country in the world. Various common elements exist between these two countries: they are determined to achieve economic development and to improve the living conditions of their populations. Cooperation, then, has a very important significance for both countries, as there exist no conflicts of interest between them, but yes a certain complementary relationship. Thus, very promising horizons can be seen for relations between our countries, especially in the economic sector." Strategic space has a more defined focus in terms of technical and technological-scientific cooperation. In this area, the greatest example of relations between the two countries is found: the joint work being done for the development of remote observation satellites (CBERS). In 1995 the project was extended, with plans to produce another two satellites in addition to those already constructed. These satellites will allow both countries to no longer depend on third parties for images, capable even of transforming them from mere users into providers of this type of service. In general, it is usual to posit that Brazil considers Asia a priority sphere. However, when speaking of the Asian continent as a whole, this becomes less clear. Only Japan and China actually enjoy concrete, meaningful relations with Brazil, so much so that the priority sphere could be applied toward only these two nations, emphasizing the former. Remarks regarding China are more extensive, demonstrating that this country is a strategic space. If we consider that China possesses a greater degree of political autonomy in regional terms, while Japan still shows a relative political dependence on the United States, a hypothesis could be established that Brazil's foreign policy prioritizes Japan in economic matters, but China in political issues. Although Brazilian interests with respect to Asia's Pacific Rim can be clearly perceived, a continual impasse is noted. This implies a significant problem when trying to define the mechanisms for expanding relations between the two areas. Despite the fact that some phrases have been coined (operational spaces and, currently with greater emphasis, strategic space) and are used with relative frequency, the government apparently has not resolved how to utilize and/or stimulate these spaces. In other words, should the Brazilian government assume responsibility for business performance in the region, or should that cost be absorbed by the specific sectors affected? Such a difficult question involves, on one hand, the impossibility of the government to earmark resources for this type of action as a result of internal problems. On the other hand, there exists a disregard for or distancing from the realities of the different Asian countries. In political terms, this lack of definition could be attributed to the role played by the United States in the region, and its current relations with Japan and China. One could speculate that the U.S. is using a model of inertia in such a way that there is no need to take a clearer position regarding the objective. It is reasonable to assume that, in terms of Japan, Brazil's relation lacks activism, guided only by specific, opportune moments or by Japanese initiatives. With respect to China, despite declarations to the contrary, the position that globalization does not benefit everyone in the same way, and that in the medium term structural issues regarding the North-South relationship will have to be reviewed, persists. China is a fundamental space (if not strategic) for this action. In reference to Southeast Asia, the initiatives that exist are residual, enjoying a certain privilege within the strategy of deepening the process of regional integration, represented by a tighter relationship between MERCOSUR and ASEAN.

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Brasil y Japón: ¿la aproximación de las antípodas?
Alexandre Ratsuo Uehara
Este año se celebran los 90 años de la inmigración japonesa a Brasil, iniciada en 1908 con la llegada del buque Kasato Maru al puerto de Santos. Desde entonces, ambos países han desarrollado una relación de aproximaciones y de distancias, caracterizada por cuatro períodos: 1) el primero hasta la Segunda Guerra Mundial; 2) el segundo entre los años 1950-1980; 3) el tercero durante la década de 1980; y 4) el último, en los años 1990. A lo largo de todo el primer período, las actividades de los inmigrantes japoneses estuvieron ligadas de modo directo o indirecto al sector agrícola. Muchos fueron a las plantaciones de café, en el interior de Sao Paulo, pero otros contribuyeron también en la expansión, diversidad y mejoría del cultivo de otros productos agrícolas. Entretanto, a pesar de la llegada de los inmigrantes japoneses a Brasil, hasta la década del '30, éste era visto como "un pequeño país, extraño y misterioso, ubicado en un lugar distante del globo " (Komiya, 1996 :37). Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que no hubo un conflicto directo entre los dos países, las relaciones diplomáticas Brasil - Japón fueron interrumpidas. Solamente en 1952, después de hacerse conocido el Tratado de San Francisco que restablecía la soberanía de Japón, las relaciones bilaterales fueron retomadas. De este modo se inicia una nueva etapa y el factor económico, estimulado por el crecimiento de la economía japonesa, adquiere una mayor importancia. Las empresas niponas pasan a invertir en el exterior, concentrando el flujo de capital en Estados Unidos, Brasil e Indonesia, países que presentaban obstáculos menores a sus iniciativas. En la década de los '50, un factor que contribuyó para atraer empresas japonesas al país fue el Plan de Metas de Jucelino Kubitschek. En las décadas de los '60 y '70, fue la búsqueda por parte de Japón de un socio alternativo la que estimuló y consolidó la inserción de sus inversiones en Brasil. Al final de la década de los '70, la relación Brasil - Japón vivía un proceso de intensificación y profundización de las relaciones económicas, con óptimas expectativas a futuro, sostenidas, particularmente, por las inversiones japonesas. Un ejemplo es el proyecto CARAJAS, en que Japón aplicó, financió y contribuyó a misiones de investigación para su exploración. Sólo en financiamientos fueron destinados US$ 47,7 millones. Otro proyecto importante fue la CENIBRA, fundada en 1973, que hoy cuenta con el 48,52% de su capital administrado por el consorcio japonés JBP-Japan Brazilian Pulp and Papers Resources Co. Durante la década de los '80, entretanto, hubo una reversión en el proceso de aproximación en las relaciones nipo-brasileñas experimentadas en los años '70, motivadas por factores brasileños y japoneses. En el caso de Brasil hubo problemas producto de la deuda externa, de los elevados índices inflacionarios y la inestabilidad política y económica. Por parte de Japón, las empresas sufrieron un cambio en sus prioridades, pues se concentraron en la defensa de los mercados para sus productos y no en el manejo de materias primas y recursos naturales. Esos factores implicaron que la relación nipo-brasileña pasara a un segundo plano. En los años '90, la estabilidad política y monetaria brasileña hizo surgir expectativas de un nuevo rumbo en las relaciones bilaterales. Además, factores sociales, aunque no determinantes, también influyeron en la relación. Actualmente, la denominada comunidad nikkei -descendientes de japoneses- participa no sólo en la agricultura, sino también en otros segmentos de la sociedad brasileña. Un ejemplo es la participación de los descendientes en las universidades. Según una encuesta realizada en 1996 en la Universidad de São Paulo -la más grande de Brasil-, aproximadamente un 6% de su cuerpo docente está constituido por descendientes de japoneses. Lo anterior es significante, por cuanto que la colonia japonesa en Brasil es levemente superior al millón y medio de personas. Otro factor que tuvo una importancia significativa en los años '90 fue el llamado fenómeno dekassegui -término utilizado para designar los brasileños descendientes de japoneses inmigrantes en Japón-. Ese fenómeno tuvo su inicio en los años '80, y siguió una tendencia creciente hasta 1991, cuando la emisión de visas por parte del Consulado japonés en Brasil llegó a 61.500 1/. Actualmente, según datos divulgados en julio de 1998, la población total de dekasseguis llega a 230 mil personas 2/, y ha influido en las relaciones nipo-brasileñas en los campos social, político y económico. En el campo social, una consecuencia preocupante para Brasil fue la separación de los lazos familiares, causados por el traslado de miembros de la familia a Japón. Actualmente, un problema que llama la atención es el de los trabajadores brasileños desempleados en Japón -estimados en 30 mil-. En el campo económico, el fenómeno dekassegui tuvo un importante papel en los flujos de capitales hacia Brasil en los años '90. Las llamadas remesas unilaterales formadas por el ahorro enviado al país por los dekasseguis, llegaron a un monto de US$ 3,974 mil millones en 1995 3/. Ese volumen de capital es superior al triple del volumen de inversiones directas japonesas realizadas en Brasil en el año de 1997 -el mayor de los años 1990-, de aproximadamente US$ 1,12 billones 4/. Las empresas japonesas han señalado, en forma cautelosa, que deben realizar nuevas inversiones en el país. Según Kotaro Horisaka (1998:5), ya hay un cambio en el comportamiento de las empresas japonesas. En 1997, hubo un crecimiento de 46% en el volumen de inversiones directas japonesas en Brasil, llegando a un valor de 145,1 mil millones de yens -cinco veces mayor que el realizado en 1995-. El nuevo escenario brasileño de mayor estabilidad política y baja inflación viene generando un aumento en la credibilidad, fruto de las recientes visitas de políticos y misiones de empresas japonesas en búsqueda de informaciones y oportunidades de negocios en Brasil. El retorno a la credibilidad quizás sea el punto central para la intensificación de las relaciones japonesas con Brasil y, por extensión, con países sudamericanos. Por lo tanto, las empresas japonesas piden que los miembros de MERCOSUR se comprometan con: "...integración regional transparente y abierta; estabilización política, económica y social; adopción y consolidación de las instituciones del MERCOSUR, tales como leyes, inversiones, sistema financiero, fiscal, estadístico, entre otros " (Mizuno 1998:5). La credibilidad exige además de normas, un mayor conocimiento entre los socios, a lo cual puede contribuir una aproximación política. En este momento, intereses convergentes pueden proporcionar condiciones para eso. Un ejemplo concreto son las candidaturas de Japón y Brasil a asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Además, las alteraciones ocurridas en las relaciones internacionales con el fin de la guerra fría abren espacios en el campo político para una intensificación de la relación bilateral. Es así que "el final de la guerra fría abrió la posibilidad de una política externa japonesa más independiente" (Haggard, 1996:6), y la posibilidad de una profundización en las relaciones Japón-Brasil. Pues, muchas veces, el hecho "del establishment japonés y los formuladores de la política externa de Japón tienen siempre una tendencia a pensar que Latinoamérica es el patio de los Estados Unidos..." (Hoisaka,1993:51), fue considerado como un factor limitante para la integración japonesa con Latinoamérica. Para Brasil, la relación con Japón puede ser vista como un contrapunto para su relación con Estados Unidos. Barbara Stallings y Gabriel Székely (1993), escribieron sobre las relaciones entre Japón, Estados Unidos y Latinoamérica. Estudiando esta relación triangular aportaron tres escenarios; dos basados en la noción de rivalidad y un tercero de cooperación entre Estados Unidos y Japón. El detalle es que en todos esos modelos, Latinoamérica aparece como agente pasivo, lo que no es necesariamente una verdad. La región posee una de las asociaciones económicas regionales más destacadas de la década de los '90, el MERCOSUR, producto del crecimiento de los flujos comerciales intra y extraregionales. En los seis primeros años de la década de los '90, el volumen intra-regional de comercio de bienes se cuadruplicó, pasando de US$ 4,12 mil millones a US$ 16,77 mil millones, lo que permitió ampliar las oportunidades de negocios y llamando la atención de otros socios fuera de la región, incluyendo a Japón. Hoy, a pocos meses del siglo XXI, Japón no es más el país extraño y mucho menos distante, aunque quizás un tanto misterioso por su cultura distinta. Existen factores que proporcionan a Brasil una ventana de oportunidades para la ampliación de su relación con Japón, facilitada incluso, por el éxito obtenido, hasta el momento en el enfrentamiento de las repercusiones de la crisis asiática. Todavía, la intensificación de las relaciones nipo-brasileñas no es una realidad, y muchos obstáculos aún deben ser enfrentados. NOTAS 1/ Datos del Consulado Geral do Japão em São Paulo. "Emisión de visas japoneses para brasileños".
In: http: //www.mofa.go.jp/region/latin/image/f-5-p.jpeg. 2/ "Empresas pagam para imigrantes desempregados voltarem ao país de Tóquio". Folha de São Paulo julio 7, 1998. Caderno Cotidiano pagina:3-6. 3/ Caixa do BC em moeda forte recua para US$ 70,9 bi, apesar de investimento doreto recorde de US$ 3 bi.". Folha de São Paulo, Caderno Dinheiro pagina. 2-1 julio 17, 1998. 4/ Horiasaka (1998 :5 ).

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Brazil and Japan: Bringing the Antipodes Closer Together?
Alexandre Ratsuo Uehara
It began in 1908 with the arrival of the ship Kasato Maru at Santos. Since then, these two countries have developed a relationship involving both rapprochement and distancing, divided into four periods: 1) the first one lasted up until World War II; 2) the second one covered the period 1950-1980; 3) the third covered the eighties; and 4) the last one covers the nineties. Throughout the first period, the activities of Japanese immigrants were linked directly or indirectly to agriculture. Many went to coffee plantations located further inland from São Paulo, whereas others helped to expand, diversify and improve the crops of other agricultural products. In spite of the arrival of Japanese immigrants to Brazil, up to the thirties, Brazil was considered to be "a small, strange and mysterious country, located in some distant part of the globe " (Komiya, 1996 :37). During World War II, despite the fact that there was no direct conflict between Japan and Brazil, diplomatic relations between both countries were broken off to be reestablished only in 1952, when the San Francisco Treaty reinstating the sovereignty of Japan was made known. A new phase began and economic factors --stimulated by the growth of Japanese economy-- became more important. Japanese companies began to invest abroad, concentrating their capital flows in the United States, Brazil and Indonesia, where there were less obstacles to their initiatives. In the fifties, one factor that helped attract Japanese companies to Brazil was the Goals Plan implemented by Juscelino Kubitschek. In the sixties and seventies, Japan's search for an alternative partner was the factor that stimulated and consolidated Japanese investments in Brazil. In the late seventies, Brazil and Japan were intensifying and deepening their economic relations. Expectations about Brazil-Japan relations were optimistic at the time, sustained particularly by Japanese investments. One example of this is the Carajás project, where Japan applied, financed and contributed through research missions to its exploration. Financing alone amounted to US$ 47.7 million. Another important project was Cenibra, founded in 1973. At present, 48.52% of its capital is managed by the Japanese consortium JBP-Japan Brazilian Pulp and Papers Resources Co. During the eighties, there was a setback in the rapprochement between Japan and Brazil compared with the seventies, motivated by issues on both sides. Brazil had foreign debt problems, high inflation rates and political and economic instability. Japanese companies experienced a change in priorities, assigning considerable interest to defending markets for their products instead of to managing raw materials and natural resources. These factors placed helped decrease the importance of relations between Japan and Brazil. In the nineties, Brazilian political and monetary stability gave rise to expectations of a new course in relations between Brazil and Japan. Furthermore, social factors, although not crucial, influenced the relationship between both two countries. At present, the so-called nikkei community --i.e. people of Japanese ancestry-- plays an important role not only in agriculture but also in other segments of Brazilian society. One example is the involvement of ethnic Japanese in university life. According to a survey conducted in 1996 at the Universidad de São Paulo --the largest in Brazil-- approximately 6% of the teaching staff is formed by descendants of Japanese immigrants. This is a significant figure, bearing in mind the fact that the Japanese community in Brazil amounts to slightly over 1.5 million people. Another significant factor in the nineties was the so-called "dekassegui situation" a term used to designate Brazilians descended from Japanese immigrants and who are living in Japan. This situation began developing in the eighties, following a growing trend up to 1991, when the Japanese Consulate in Brazil awarded a total of 61.500 visas 1/. At present, according to data published in July 1998, the total population of dekasseguis amounts to 230,000 individuals 2/, and this has influenced relations between Japan and Brazil in social, political and economic terms. In the social sphere, one cause for concern felt in Brazil is the break-up of family ties produced by the departure of family members for Japan. One of the problems that attracts attention at present is that of unemployed Brazilian workers in Japan --estimated at 30,000. This fact has mobilized Brazilian politicians and diplomats in that country and also the Japanese government. In the economic field, the dekassegui played an important role in capital inflows to Brazil in the nineties. The so-called unilateral remittances --i.e. savings sent back by the dekasseguis-- amounted to US$ 3.974 billion in 1995 3/. This volume is three times as high as that of direct Japanese investment in Brazil in 1997 --the highest in the nineties-- which amounted to approximately US$ 1.12 billion 4/. Japanese companies have cautiously stated that they must make new investments in Brazil. According to Kotaro Horisaka (1998:5), the behavior of Japanese companies has already changed. In 1997, the volume of direct Japanese investment in Brazil grew by 46% to Yen 145.1 billion --an amount five times higher than that invested in 1995. The new Brazilian scenario, marked by higher political stability and lower inflation has been generating more credibility, as shown by the recent visits by politicians and missions sent by Japanese companies to Brazil in search for information and business opportunities. Recovered credibility is perhaps the main reason for enhanced Japanese relations with Brazil and, by extension, with South American countries. Therefore, Japanese companies ask MERCOSUR members to commit to: "...transparent and open regional integration; political, economic and social stability; the adoption and consolidation of MERCOSUR institutions, such as laws, investments, and financial, tax, and statistical systems, among others " (Mizuno 1998:5). Credibility requires, in addition to standards, better knowledge among partners, to which political rapprochement can contribute. At this point in time, converging interests may provide the necessary conditions for this. One concrete example is the candidacy of Japan and Brazil to permanent seats on the Security Council of the United Nations. Furthermore, changes in international relations after the end of the Cold War open up room in the political arena for enhanced bilateral relations. "The end of the Cold War has opened up the political possibility of a more independent Japanese foreign policy" (Haggard, 1996:6), and the possibility of enhanced relations between Japan and Brazil. Because, frequently, the fact that "the Japanese establishment and foreign policy makers tend to think that Latin America is the backyard of the United States..." (Hoisaka,1993:51), was singled out as the factor that limits Japanese integration with Latin America. For Brazil, the relationship with Japan may be viewed as a counterpoint to its relations with the United States. Barbara Stallings and Gabriel Székely (1993), wrote about relations between Japan, the United States and Latin America. The analysis of this triangular relationship produced three possibilities, two of them based on the idea of rivalry and the third on the idea of cooperation between the United States and Japan. The issue is that, in all these models, Latin America appears as a passive agent, which is not necessarily true. The region possesses one of the most outstanding economic groupings in the nineties --i.e. MERCOSUR-- due to the growth of intra and extra-regional trade flows. In the first six years of the nineties, intra-regional trade volumes increased four-fold, from US$ 4.12 billion to US$ 16.77 billion, thereby increasing the business opportunities and attracting the attention of other partners from beyond the region, including Japan. At present, therefore, two years before the Twenty-first century, Japan is no longer a strange and much less a distant country, although perhaps a little mysterious due to its different culture. Some factors provide Brazil with a window of opportunity to expand its relations with Japan, eased by the success secured up to now in dealing with the consequences of the Asian crisis. The enhancement of relations between Japan and Brazil is still not a reality and there are still many obstacles to be tackled.
NOTES 1/ Data from the Consulado Geral do Japão em São Paulo. " Emisión de visas Japanese para Brasileños ". In: http: //www.mofa.go.jp/region/latin/image/f-5-p.jpeg. 2/ "Empresas pagam para imigrantes desempregados voltarem ao país de Tóquio". Folha de São Paulo, July 7, 1998. Caderno Cotidiano pages:3-6. 3/ Caixa do BC em moeda forte recua para US$ 70,9 bi, apesar de investimento doreto recorde de US$ 3 bi.". Folha de São Paulo, Caderno Dinheiro pagina. 2-1 July 17, 1998. 4/ Horiasaka (1998 :5 )
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El Logro de una relación pacífica a través del Estrecho de Taiwan
Dr. Koo Chen-fu
Las relaciones entre Taiwan y China han sido "cercanas pero lejanas". Los contactos del tipo persona a persona comenzaron sólo hace una década. Sin embargo, ambos gobiernos permanecen lejos uno de otro. En octubre último, como Presidente de la Fundación para los Intercambios a través de los Estrechos (SEF), realice una visita considerada de "revolucionaria" a China, con el objetivo de lograr un mejor entendimiento entre ambas naciones. En este viaje me reuní con el Señor Wang Daohan, Presidente de la Asociación para las Relaciones a través de los Estrechos de Taiwan (ARATS). Aquella fue la primera vez, desde el mayo de 1995, que SEF y ARATS fueron capaces de intercambiar opiniones en relación a asuntos fundamentales. También fue la primera vez en más de cinco años que los lideres de SEF y ARATS se reunieron después de la reunión de Singapore en abril 1993. Lo más relevante de este encuentro fue el hecho que por primera vez desde 1949 una delegación del gobierno de Taiwan se reunió con una alta autoridad dirigencial de Beijing, el Presidente Jiang Zemin. En la reunión con el Señor Wang Daohan en Shanghai, se logró como resultado el consenso en cuatro puntos relevantes: En primer lugar, la continuidad del diálogo a través de los Estrechos para que las negociaciones bilaterales avancen; en segundo lugar, se concluyó que es necesario promover el intercambio de visitas entre los miembros de SEF y ARATS; en tercer lugar, por medio de los intercambios a través del Estrecho se puede avanzar en la solución de los temas funcionales; y en ultimo lugar, se estableció que el Señor Wang Daohan visite próximamente Taiwan. Lo anterior contó con el apoyo del Señor Jiang Zemin y podría realizarse en el curso de 1999. No cabe duda que la visita del Señor Wang a Taipei será una visita de buena intención, entendiendo la importancia de la paz, lo cual conducirá al establecimiento de la confianza mutua y al resurgimiento de una interacción institucionalizada entre Beijing y Taipei. Como consecuencia, la comunicación a través de los estrechos se normalizaría gradualmente después del histórico viaje del señor Wang, y propendría a una relación de trabajo común con objetivos concretos entre ambas partes. Es comprensible que miembros del gobierno de Beijing deseen negociaciones preliminares sobre asuntos políticos. Sin embargo es necesario limitar los temas a los cuales nos convoca la reunión, ya que la falta de confianza mutua ha impedido una normal relación a través de los estrechos. Sin la confianza mutua, las negociaciones sobre temas políticos, probablemente nos llevarían a una situación de retroceso en la relación. Como dice un dicho Chino y occidental: "la prisa causa desperdicio", por lo que es necesario en estos momentos un proceso de construcción de medidas de confianza mutua, un proceso marcado por el dialogo continuo, implementando los acuerdos previos y solucionando los problemas de baja naturaleza política. Bajo el escenario actual de relaciones, el comenzar la discusión de temas en la alta política sería contraproducente. A corto plazo, Taipei y Beijing deberían buscar una mejor atmósfera en las relaciones. Ello podría comenzar por mostrar respeto el uno al otro. Por ejemplo, Taipei respeta lo que Beijing ha logrado en los últimos 20 años, por lo que sería deseable que se nos reconociese lo logrado en Taiwan en los aspectos políticos, económicos y culturales. El considerar todo lo realizado por Taipei como una "independencia Taiwanesa", y descalificar todo lo obrado pone en peligro la reunificación nacional. Según un estudio de opinión publica en Taiwan, realizado por diferentes instituciones, tal actitud sólo puede generar sentimientos nacionales en la isla que conduzcan hacia una alienación y generen tendencias contrarias a la reunificación nacional. Tales observaciones implican que el momentum hacia la plena reunificación puede ser generado solamente si nuestras experiencias individuales, tanto como la realidad política de un gobierno dividido a través de los estrechos de Taiwan, puede ser respetado. A largo plazo, la democratización está inevitablemente conectada a la reunificación. Si miramos atrás en la historia, vemos que el pueblo de Taiwan ha experimentado un gobierno colonial por demasiado tiempo. La isla es ahora una plena democracia y no hay razón para que su población acepte un gobierno central con procesos de decisiones autoritarios. Sin el mando del derecho, Beijing no será capaz de convencer a la población de Taipei que las decisiones tomadas por Beijing respecto de Taiwan serán respetadas a futuro. Lo que deseo subrayar es lo siguiente: La democratización es una tendencia global que no puede ser detenida por nadie. La historia del éxito del proceso de democratización de Taiwan en los últimos veinte años prueba que la democracia funciona y funciona bien en un lugar donde viven los Chinos. Estados Unidos y la República de China son a largo plazo aliados. Lo que nos unió por tantos años fue no solamente un interés común, sino las cualidades compartidas. Estados Unidos cumplen un rol fundamental en la relación triangular Washington-Beijing-Taipei. Es por ello muy importante que Estados Unidos mantenga una política balanceada respecto de Taiwan y China. La crisis de los estrechos de Taiwan de 1995-1996 mostró al mundo que Beijing no vacilaría en usar la fuerza para alcanzar sus objetivos. Hasta hoy día, China no ha usado la fuerza en contra de Taiwan. Esa actitud beligerante es antagónica al pueblo de Taiwan, y cualquier potencial conflicto militar seguramente pondrá en peligro la estabilidad de las relaciones triangulares. La paz y la estabilidad de la región de Asia y Pacifico también dependen de la seguridad de Taiwan para asegurar la disuasión hacia China. De tal forma, manifestamos nuestro apoyo a la política de Estados Unidos en cuanto a sus esfuerzos por integrar a China en la comunidad internacional. Taipei está pronto a cooperar en tal misión como miembros de la región de Asia y Pacifico, con la finalidad de comenzar un nuevo siglo con una mentalidad abierta y de carácter recíproco.
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Achieving a Peaceful Relationship across the Strait of Taiwan
Dr. Koo Chen-fu
Relations between China and Taiwan have been "so near, so yet far." People-to-people contacts began only a decade ago. Nonetheless, both governments remain distanced from each other. Last October, as Charmain of the Straits Exchange Foundation (SEF), I made a visit to China many considered "revolutionary", with the aim of achieving a better understanding between both nations. During that trip, I met with Mr. Wang Daohan, Charmain of the Association for Relations Across the Taiwan Straits (ARATS). That was the first time, since May 1995, that SEF and ARATS were capable of exchanging opinions on fundamental issues. It was also the first time in more than five years that leaders from both SEF and ARATS met after their meeting in Singapore in April 1993. The most important aspect of this encounter was the fact that for the first time since 1949 an official Taiwanese government delegation met with a high-ranking political authority from Beijing, President Jiang Zemin. In the meeting with Mr. Wang Daohan in Shanghai, a consensus on four relevant matters was reached: first, the need for the continuity of dialogue across the Straits so bilateral negotiations can advance; second, we concluded that it is necessary to promote visitor exchanges between members of SEF and ARATS; third, through exchanges across the Strait, we can make progress toward the solution of functional issues; and last, it was decided that Mr. Wang Daohan will visit Taiwan very soon. The achievements outlined above enjoyed the support of Mr. Jiang Zemin, and they could be implemented throughout 1999. There is no doubt that the visit of Mr. Wang to Taipei will be a well-intentioned one, understanding the importance of peace in the region, but it may also lead the way in the establishment of mutual trust and the resurgence of an institutionalized interaction between Beijing and Taipei. Consequently, communication across the straits would gradually normalize after this historic trip of Mr. Wang, and a tendency to create a relationship based on common tasks and concrete goals between both countries would begin. It is understandable that members of Beijing's government wish to have preliminary negotiations regarding political matters. However, it is also necessary to limit the issues to those that bring us to the meeting in the first place, as the lack of mutual trust has historically impeded normal relations across the straits. Without that mutual trust, negotiations on political issues would most likely bring us to a deterioration of our relationship. As the Chinese and Western saying alerts us, "haste makes waste." For that reason, at this time a process of building instruments of mutual trust is necessary, a process marked by continuous dialogue, the implementation of previous agreements and the solution of problems with relatively low political content. Given the current state of relations, beginning a discussion of highly political matters would be counterproductive. In the short term, Taipei and Beijing should seek a better atmosphere for relations. Such an atmosphere could begin to take hold by showing a simple mutual respect. For example, Taipei respects what Beijing has achieved in the last 20 years. Thus, it would be desirable that they recognize us for all that Taiwan has achieved in its political, economic and cultural fields. Considering all of Taipei's successes merely a demonstration of "Taiwanese independence," and consequently dismissing all that has been done, endangers any possibility of national reunification. According to a public opinion study in Taiwan, taken by several different institutions, such an attitude can only generate nationalist sentiment on the island, leading to alienation from the mainland and generating tendencies contrary to the goal of national reunification. Such observations imply that the momentum toward full reunification can be generated only if our individual experiences as nations, as well as the political reality of a government divided by the Straits of Taiwan, can be respected. In the long term, democratization is inevitably linked to reunification. If we look back in history, we find that the Taiwan people have experienced a colonial government for far too long. The island is now a full-fledged democracy, and there is no reason for its population to accept a central government with authoritarian modes of decision-making. Without the rule of law, Beijing will be unable to convince the Taipei population that decisions taken by Beijing with respect to Taiwan will be respected in the future. What I wish to emphasize is this: democratization is a global tendency that cannot be stopped by anyone. The history of success of the Taiwanese democratization process over the last twenty years proves that democracy works, and works well, in a place where the Chinese live. The United States and the Republic of China are, in the long term, allies. What united us for so many years was not only a common interest, but also shared characteristics. The United States plays a fundamental role in the triangular relationship Washington-Beijing-Taipei. For that reason, it is crucial that the United States maintain a balanced policy regarding both Taiwan and China. The crisis in the Straits of Taiwan during 1995-1996 showed the world that Beijing would not vacillate in using force to meet its objectives. So far, China has not used force against Taiwan. That belligerent attitude is antagonizing to the people of Taiwan, and any potential military conflict will surely endanger the stability of that triangular relation. Peace and security in the Asia- Pacific region also depend on the security and ability of Taiwan to ensure a deterrent force toward China. In that sense, we declare our support of U.S. policy in its efforts to integrate China into the international community. Taipei will soon be cooperating on that mission as members of the Asia-Pacific region, with the aim of starting a new century with a mentality both open and reciprocal in nature.

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Intercambios entre América Latina y la Cuenca del Pacífico desde California
Augusto Soto Alvarez
Los crecientes vínculos comerciales y políticos de América Latina con el Asia de la Cuenca del Pacífico necesariamente derivan hacia el intercambio académico entre ambos continentes y generan una nueva instancia, a su vez llamada a tener un efecto en las relaciones. El establecimiento de una red académica se halla en una fase inicial en nuestro continente y se ve apoyada a partir de valiosos proyectos paralelos como el surgido en el Centro de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (CILAS) de la Universidad de California en San Diego, la ciudad estadounidense ya constituida en modelo de urbe abierta a la tecnología y al ámbito del Asia Pacífico en el contexto del estado de California. Esto es, en un vértice clave entre el mundo angloamericano, asiático e hispánico. En efecto, la notable presencia en la costa Oeste de estudiantes asiáticos y estadounidenses de ascendencia asiática, el constante flujo de una inmigración laboral mexicana de proporciones en una zona con fuertes raíces hispánicas, demuestran que es prioritario, aunque en absoluto privativo de América Latina, dedicarse a estudiar y promover sus propios contactos en la región de la Cuenca del Pacífico. La iniciativa de San Diego, bajo el nombre de "Proyecto sobre América Latina y la Cuenca del Pacífico" se viene realizando desde hace dos años en las dependencias del CILAS . En torno a este proyecto se han congregado en California representantes de la actividad privada y miembros de importantes centros de las Américas y Asia. Entre éstos se cuentan el Instituto Matías Romero de México, la Universidad Estadual de Campinas de Sao Paulo, el Centro de Estudios Peruanos de Lima, el flamante Centro de Estudios Asiáticos del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, y representantes del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales, la Universidad Sofía de Japón, la Universidad Chulalongkorn de Tailandia e instituciones estadounidenses. El primer encuentro de dos meses, durante febrero y marzo de 1997, se dedicó a la "Integración Regional en las Américas y en la Cuenca del Pacífico". El segundo año concentró la atención en los "Encuentros Culturales" y se consolidó en una serie de pasos, el primero de los cuales fue un taller abocado a tratar temas como las imágenes estereotipadas que reciben los escolares latinoamericanos sobre Asia y viceversa en los manuales de educación primaria y secundaria. Específicamente se focalizó en lo que decían y no decían los textos sobre las respectivas regiones, se escudriñaron los probables prejuicios mutuos y se recomendaron medidas a adoptar para un mejor acercamiento. En este contexto, cada participante inició investigaciones relativas a las relaciones comparadas entre ambos continentes, que han de derivar en nuevas líneas de investigación. Este autor abordó el tema de las implicancias culturales en los intercambios económicos entre Chile y China . A la vez, los participantes integraron seminarios, donde se analizaron los valores sociales comparados, las imágenes literarias del "otro", los contenidos de los filmes y la TV, las reglas y papeles de los géneros y los códigos en los lugares de trabajo de empresas en que participan latinoamericanos y asiáticos, en que en el contexto del diálogo América Latina - Asia. En la revisión empírica del material escolar fue de notar el exclusivismo como un rasgo importante de la autopercepción, por lo demás compartida por cada país asiático. En otras palabras, cada nación se ve a sí misma como un caso especial debido a circunstancias presentes e incluso pretéritas. Estas se encarnan, por ejemplo, en la grandeza territorial, poblacional y de recursos brasileña; en el rico pasado cultural y en la privilegiada situación geográfica mexicana entre América Latina y América del Norte; en el centralismo irradiador y en las proverbiales dimensiones chinas; en la peculiar insularidad y homogeneidad japonesas; en el carácter singular chileno derivado de su ubicación geográfica y extendida costa Pacífica; en la independencia tailandesa frente a las potencias coloniales decimonónicas, entre otras autopercepciones. Estas no son siempre captadas por los países vecinos y mucho menos por los alejados pueblos de uno y otro lado de la Cuenca del Pacífico. Es obvio que tales percepciones, o en ciertos casos, su carencia, inciden en el incipiente diálogo de naciones e incluso en las iniciativas comerciales. Pese al extendido desconocimiento de Asia en nuestro continente, ha quedado claro que los países de habla hispana miembros de APEC y el gravitante Brasil -cuyo peso específico se proyecta también hacia el Pacífico- disponen de una base importante de conocimiento proporcionado en el currículo escolar de primaria y secundaria. Por cierto, esta base no basta. Ha de ser solidificada en unos medios en que se suceden tres planos culturales: el del propio país, el influjo estadounidense y la referencia europea. Pese a la inclusión de Asia en los manuales, ésta no está integrada en los medios de comunicación ni en la cultura de masas, ni en la formación de élite, cosa que no es ninguna sorpresa al tratarse de realidades lejanas y abstrusas. Sin embargo, la globalización de las comunicaciones que irrumpe con fuerza a partir de esta década altera el valor de las distancias. El proyecto impulsado en la Universidad de California en San Diego e iniciativas similares de distinto calibre que emprenden los países latinoamericanos del Pacífico han de coordinarse y tener un efecto multiplicador, especialmente ahora en que la crisis económica mundial nos pone a prueba frente a la reciente alternativa estratégica y económica que representan para nosotros los países asiáticos. Gracias al intercambio de ideas en el CILAS, este autor está convencido de la necesidad de adoptar medidas adicionales para que los países latinoamericanos nos acerquemos más a Oriente. He aquí algunas proposiciones:
1. Considerar la alteración de partes del currículo escolar. Como consecuencia de la globalización más pronto que tarde el sistema educativo deberá afrontar el reforzamiento en la enseñanza del inglés en primaria y secundaria y la inclusión de los idiomas asiáticos principales en el currículo universitario.
2. Crear un espacio para Asia en los medios de comunicación de masas. La difusión de lenguas y culturas ayuda a estrechar la brecha de entendimiento. Aquí el gobierno y el sector privado son las naturales fuentes de financiamiento. En la próxima década los países asiáticos pueden encontrar interesante apoyar la idea.
3. Reforzar la cobertura de noticias generales y especializadas. Con el objeto de identificar oportunidades para los países latinoamericanos sería aconsejable crear un consorcio de especialistas de la región que sirva a las embajadas de los países del Pacífico americano y el MERCOSUR.
4. Formar con urgencia a estudiantes universitarios, del mundo de los negocios y de la diplomacia en asuntos asiáticos, en vista de la diversidad y las probables oportunidades ofrecidas por un espacio en el que vive más de un cuarto de la población mundial.
5. Diseñar un centro de informaciones latinoamericano o de MERCOSUR para Asia en Shanghai. Un ente así está llamado a convertirse en un punto de formación y encuentro. Podría tratarse de una institución que ofreciese cursos a nivel de Master para ejecutivos de alto nivel de compañías estatales, empresas conjuntas o de la administración pública. Los seminarios pueden incluir encuentros regulares con funcionarios gubernamentales y ejecutivos de compañías locales y multinacionales. Aquí los fondos gubernamentales, del sector privado y del Banco Interamericano de Desarrollo son las naturales fuentes de financiamiento.
6. Analizar el potencial representado por los asiáticos residentes y los latinoamericanos de ascendencia asiática en nuestro continente. No tiene pérdida incluir a miembros destacados de estos grupos en instituciones relevantes vinculadas a las relaciones bilaterales.
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Exchanges between Latin America and the Pacific Basin from California
Augusto Soto Alvarez
Growing political and business links between Latin America and Asian nations bordering the Pacific Basin lead to academic exchanges between both continents and generate a new channel, which will also have an effect on the relationship between both areas. This academic network is in its preliminary stages in our continent and it is backed by valuable projects. One of these is the project implemented by the Center for Iberian and Latin American Studies (CILAS), University of California-San Diego. San Diego is a U.S city that has become the model of a town open to technology and to the sphere of Asia Pacific in the context of the state of California. In other words, it is a major meeting point for the Anglo-American, Asian and Hispanic worlds. Indeed, the notable presence on the West Coast of Asian students and U.S. students with an Asian background, the constant and considerable flow of immigrant workers from Mexico in an area with strong Hispanic roots are proof of the fact that studying and promoting their own contacts with the Pacific Basin is a priority that is not limited to Latin America. The San Diego initiative, i.e. the "Project on Latin America and the Pacific Basin" has been underway at CILAS for two years . Members of the private sector and of important centers in the Americas and Asia have joined forces on this project. They include the Instituto Matías Romero (Mexico), the Universidad Estadual de Campinas (São Paulo, Brazil), the Centro de Estudios Peruanos (Lima, Peru), the newly created Centro de Estudios Asiáticos, Instituto de Estudios Internacionales at the Universidad de Chile, and representatives from the Latin American Institute of the Chinese Academy of Social Sciences, the Sophia University (Japan), the Chulalongkorn University (Thailand) and U.S. organizations. The first two-month meeting, held in February-March 1997, was dedicated to "Regional Integration in the Americas and in the Pacific Basin". In the second year, attention focused on "Cultural Meetings". These materialized in a series of measures, the first of which was a workshop dedicated to subjects such as the stereotypes that Latin American students are taught about Asia and vice versa in primary and secondary education textbooks. Specifically, work focused on what the textbooks explicitly stated or omitted on different regions, possible mutual prejudices were analyzed and potential measures were recommended to improve relations. In this context, each participant initiated research studies comparing relations between both continents, which should give rise to new lines of research. The author addressed the subject of the cultural implications of the economic exchanges between Chile and China . The participants also engaged in seminars where common social values were compared as were the literary images of the "other", the contents of films and TV, the rules and roles regarding gender and codes in the work place in companies that employ Latin Americans and Asians, in the context of the Latin America - Asia dialogue. An empirical review of educational material showed that uniqueness is a significant feature of self-perception, a view shared by every Asian country. In other words, each nation views itself as a special case due to its current and even past circumstances. These views are reflected, for example, in the grandeur of Brazil in terms of its territory, population and resources, in the rich cultural past and the privileged geographical position that Mexico occupies between Latin America and North America; in the radiating centralism and in the proverbial dimensions of China; in the peculiar insularity and homogeneity of Japan; in the singular nature of Chile stemming from its geographical location and extended Pacific shoreline; in the independence of Thailand vis-à-vis Nineteenth Century colonial powers, among other self-perceptions. These are not always understood by neighboring countries and much less by remote people located far on each side of the Pacific Basin. Evidently, these perceptions, or in certain cases, the lack thereof, have a bearing on the incipient dialogue among nations and even on trade initiatives. Despite widespread ignorance about Asia in our continent, it is clear that the Spanish-speaking member countries of APEC and mighty Brazil --whose specific weight also projects onto the Pacific-- have included a significant knowledge base in their primary and secondary education school curriculum. However, this knowledge base is not enough. It must be solidified in the media along three cultural lines: the country involved, the influence of the United States, and the reference to Europe. Despite having included Asia in the manuals, Asia does not form part of the mass media nor of mass culture, and it is also not part of top-level education. Not surprisingly so, considering that Asia involves remote and abstruse realities. However, the globalization of communications that burst out strongly with the onset of the nineties, changes the meaning of distance. The project promoted by the University of California-San Diego and similar initiatives of different magnitude launched by Latin American countries of the Pacific Rim must be coordinated and produce a multiplier effect, especially now that the world-wide economic crisis is testing us through the recent strategic and economic alternative that Asian countries represent for us. Thanks to the ideas shared at CILAS, this author is convinced of the need to adopt additional measures for Latin American countries to get closer to the East. Some proposals are offered below:
1. Consider changing part of the school curriculum. As a result of globalization the school system will --sooner rather than later-- have to address the issue of reinforcing education in the English language in primary and secondary school and include the main Asian languages in the university curriculum.
2. Create a space for Asia in the mass media. The dissemination of languages and cultures helps to bridge the gap that prevents understanding. The government and the private sector are the natural source of funding in this case. In the coming decade, Asian countries may find it interesting to support the idea.
3. Reinforce coverage of general and specialized news. In order to identify opportunities for Latin American countries, it would be advisable to establish a consortium of specialists from the region to provide services to the embassies of countries located on the Pacific Rim in the Americas and to MERCOSUR.
4. Urgently provide training in Asian matters to university students, and to members of the business and the diplomatic world, in view of the diversity and the probable opportunities offered by a region inhabited by over one fourth of the world's population.
5. Design a Latin American or MERCOSUR center for Asia, located in Shanghai. Such an organization is bound to become a training center and meeting point. It could be an institution that offers Master's Degrees for top level executives from state-owned companies, from joint ventures or from government services. Seminars could include regular meetings with government officials and executives from local and multinational companies. In this case, governments, the private sector and the Inter-American Development Bank are the natural source of funding.
6. Analyze the potential that Asians residents and Latin Americans of Asian origin represent in our continent. Only good can come out of including outstanding members of these groups in major institutions involved in bilateral relations.
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¿Japoneses en Brasil o Brasileños en Japón? La Trayectoria de una Identidad en un Movimiento Migratorio
Adriana Capuano de Oliveira
El texto presentado a continuación, esta basado en una investigación sociológica en el contexto de la Maestría en Sociología desarrollada en la UNICAMP, cuyo tema, dentro del vasto campo de las migraciones internacionales, es el estudio del flujo migratorio reciente de brasileños hacia Japón (o dicho de forma más correcta, de nipo-brasileños1, ya que el permiso para esta migración sólo es concedida a este grupo de personas). Esta corriente migratoria viene llamando la atención de los más diversos sectores de la sociedad brasileña en los últimos tiempos, debido a las grandes proporciones, que lentamente, viene tomando este movimiento, referido por algunos autores como "fenómeno dekassegui" (Ninomiya, 1992; Chigusa, 1994). Esta palabra del vocablo japonés, dekassegui, originariamente significaba "salir de casa para trabajar afuera", y se aplicaba para los japoneses que dejaban las regiones atrasadas del norte y sur de Japón en búsqueda de mejores condiciones de empleo y de supervivencia en las regiones más industrializadas del centro, como Tokyo y Osaka, en épocas de entresaca (Kawamura, 1994:410). Asimilado al idioma portugués, y a la realidad brasileña, esta misma palabra asumió la representación de estos nipo-brasileños que salen en la búsqueda de mejores condiciones de empleo y de supervivencia en la tierra de sus padres y abuelos, constituyendo de esa manera, un rasgo más de la desterritorialización de trabajadores entre los diversos flujos migratorios internacionales que están ocurriendo en este fin de siglo, configurando un nuevo escenario mundial. Dentro de este contexto, la condición de identidad de esta población se torna como un punto importante de reflexión. Como el propio título del trabajo ya lo dice, esta población se caracteriza por ser considerada "japonesa" en Brasil, y una vez en Japón, es caracterizada como "brasileña", y por lo tanto, extranjera. Tal conjetura existe en relación a algunos factores, que serán brevemente relatados a continuación2. La corriente migratoria japonesa, en el contexto brasileño se distinguió de otras corrientes migratorias en algunos aspectos, como la temporalidad (ésta se caracteriza por ser una corriente tardía si es comparada con otras como la alemana); la gran diferencia cultural entre las dos sociedades en contacto, principalmente en lo que dice respecto al idioma; el espíritu extremadamente nacionalista con que llegaron los inmigrantes japoneses a Brasil, fruto de la Era Meijí por la cual pasaba Japón; el fuerte deseo de los inmigrantes de regresar a Japón, haciendo de Brasil sólo un territorio transitorio, entre otros. Tales aspectos ocasionaron efectos importantes y significativos en la colonia japonesa en Brasil, donde sus descendientes portan hoy en día algunas identidades específicas. Concretamente, los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes japoneses, portan características físicas semejantes a las de los ciudadanos japoneses, producto que el aislamiento de la colonia implicó un gran número de matrimonios entre "sus iguales", y son identificados hasta hoy como "japoneses". En el interior de la sociedad brasileña, es un hecho muy común y una percepción constante la presencia de estas personas que, nacidos en Brasil, hablan el portugués y se comportan culturalmente como brasileños, pero son llamados y considerados japoneses. El tema de la identidad cultural de estos brasileños, descendientes de inmigrantes japoneses, por lo tanto, se hace pertinente como un problema de investigación en Brasil. Sin embargo, esta población está emigrando actualmente a Japón, y una vez allí, las contradicciones de su identidad se agravan aún más. Además de las condiciones específicas de la inmigración japonesa hacia Brasil, como fue brevemente relatada anteriormente, otro factor a considerar dice relación con la formación del llamado carácter de identidad nacional brasileño, que aquí se encuentra elaborado a través del hito de la "unión de las tres razas": es decir, el amerindio, el blanco colonizador (portugués), y el negro esclavo. De cierta forma, este fue el modelo que se constituyó como hito fundador del país, principalmente después del famoso libro de Gilberto Freyre con el título "Casa Grande e Senzala", donde el autor relata una visión romántica de la formación del país desde los tiempos coloniales. Su visión es de armonía y consagración de un nuevo pueblo, el pueblo brasileño -distinto del portugués, pues es nacional- a través de la unión de estos tres pueblos originarios. Entretanto, para los fines que nos interesan, lo importante a ser percibido y resaltado, es que dentro de esta concepción de Brasil, de pueblo brasileño -muy difundida incluso internacionalmente-, la figura de un cuarto tipo racial, en este caso, los asiáticos, mayoritariamente representados aquí por los japoneses, no "corresponde" a la visión idealizada del patrón de la identidad nacional brasileña. Inmigrantes de otras regiones, además de Portugal, que se establecieron aquí, pudieron traspasar sin mayores problemas la barrera de pertenencia a este modelo. Los inmigrantes, en su gran mayoría llegaban de Italia, España, Alemania y de países árabes, y fueron incorporados a la parte blanca de la población brasileña, sin embargo, a los japoneses esta alternativa no les fue posible. Es necesario tener en cuenta, en este ámbito, la importancia del concepto fenotípico dentro de los patrones sociales brasileños, que es muy relevante, pues aquí la característica racial es establecida a través de los rasgos físicos de las personas. No ocurre como en otros países donde esta característica racial se da en términos sanguíneos o culturales (como es el caso clásico de la sociedad estadounidense en relación a los negros, por ejemplo). Es decir, los descendentes de japoneses nacidos en Brasil, por parecer japoneses continúan siendo llamados "japoneses", aunque culturalmente sus vidas ya estén muy distantes de Japón. La marca de la presencia física muchas veces prevalece, y estas personas son percibidas en el interior de la sociedad, por lo general, como japoneses que residen en Brasil, así como fueron sus abuelos y bisabuelos. Otros descendentes de otras corrientes migratorias ya no pasan por la situación de la misma forma, pues, una vez asimilada la cultura brasileña, se incorporan, haciéndose parte de las llamadas razas fundadoras. Esta sería, por lo tanto, una de las vertientes de la problemática expuesta. En la otra variante, encontramos el incentivo al aislamiento que parte dentro de la propia colonia japonesa, factor recurrente de una serie de especificaciones originadas desde la propia inmigración japonesa a Brasil, como ya fue brevemente citada y también fruto de la herencia de la propia tradición japonesa. Cuando estos brasileños, que aquí son considerados japoneses, entran en tierra extranjera, que es el propio Japón, se enfrentan con la experiencia singular de ser reconocidos como típicamente brasileños, aunque físicamente carguen los mismos rasgos y sean exactamente iguales a los japoneses. La plena percepción de esta identidad brasileña se da no solamente por el hecho de ser regularmente apuntados por los japoneses como brasileños, sino también por el choque cultural al enfrentarse a la cerrada sociedad japonesa, la cual no comparte, en la gran mayoría de los casos, ni en costumbres, ni en ideas, ni en el idioma. El tema de la diferenciación generacional también debe ser tomada en consideración, pues es de extrema importancia. Dependiendo de la generación a que pertenecen los descendientes de japoneses -segunda, tercera o cuarta- se da una mayor adaptación a los modos de vida y patrones culturales brasileños y una mayor distancia de la adquisición cultural de sus antepasados. Las generaciones más recientes, llamadas de sansêis y yonsêis participan de un modo de vida culturalmente brasileño en su gran mayoría, salvo algunos casos donde aún persisten las condiciones de comunidad de colonia cerrada, en general en las áreas rurales. Por lo tanto, uno de los aspectos peculiares del movimiento dekassegui, que hasta el momento ha sido poco abordado (la mayoría de los debates en torno de este fenómeno se concentra en las características económicas del proceso), es el tema de la identidad cultural versus la conceptuación fenotípica. Estos individuos se dan cuenta de esta realidad cuando están con una población fenotípicamente semejante a ellos, se perciben así, más extranjeros que nunca. El resultado de esta constatación, se torna interesante cuando pensamos que hoy en día la mayoría de los brasileños que emigran a Japón son personas muy jóvenes ?toda vez que Japón busca personas en el auge de su edad productiva para trabajar allí, al mismo tiempo en que se hace necesario una buena condición física para "soportar" todo tipo de trabajo ofrecido, extremadamente pesado-. Es decir, en la mayoría de los casos, descendientes de la tercera o cuarta generación, que comparten un modo de vida brasileño y no japonés. Este factor del idioma se presenta muestra claramente en los de relatos personales presentados en forma de carta3, donde los dekasseguis afirman recurrentemente su "brasilenidad". Las manifestaciones de patriotismo brasileño en Japón, como el uso de "pins" y "bottons" de la bandera brasileña, la concurrencia a tiendas y restaurantes con productos brasileños, la búsqueda del vestuario a la brasileña, la adquisición de ropas (principalmente pantalones jeans) a precios muy altos, son algunos de los aspectos relacionados al comportamiento que demuestran esta realidad. Además de hechos más expresivos de estos dekasseguis, que en su mayor parte, conviven y se relacionan solamente con individuos brasileños, muchas veces debido a la barrera lingüística , aunque no si